domingo, 7 de abril de 2013


LA TORRE DE LES CALETES DE BENIDORM.


Francisco Amillo Alegre

Durante siglos el litoral del Reino de Valencia, y por tanto el de la Marina Baja, sufrió los ataques de corsarios de diversas nacionalidades aunque los peores momentos fueron los siglos XVI y XVII, cuando se intensificaron los ataques musulmanes. Para hacerles frente se creó un sistema defensivo basado en una serie de castillos o plazas fuertes complementadas con una densa red de atalayas o torres vigía que alertaban al sistema defensivo costero.

Desde la torre del Sol del Riu (Vinaròs, norte de Castellón) hasta la de La Horadada (Pilar de la Horadada, sur de Alicante), había más de 65 torres vigía, cuya misión principal era la vigilancia del litoral para avisar a los castillos de las poblaciones vecinas de la arribada de naves enemigas. También tenían misión defensiva a pesar de que no estaban diseñadas para soportar grandes ataques. Pero las expediciones corsarias eran realizadas habitualmente con escasos contingentes y en ese caso las torres podían resistir unos días. 
1. Castillos que defendían el litoral valenciano de los ataques corsarios. Entre ellos se situaban las torres de vigilancia.


La torre de les Caletes es la única de las torres vigía que tenemos en el término municipal de Benidorm. En algunas publicaciones se indica que la torre de Morales, en Poniente, era también una torre vigía de Benidorm, algo totalmente incorrecto. 

La torre de les Caletes está situada en un saliente de Sierra Helada denominado Punta del Cavall. Figura en el catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Generalitat Valenciana con el número 03.31.031-003 y el nombre de “Torre Punta del Cavall o Seguró”. El nombre de Seguro o Seguró no es correcto porque se refiere al punto central de Serra Gelada donde había vigilancia con un número variable de personas, de una a tres según épocas.

La función de vigilancia de la torre no se puede analizar aisladamente, sino en relación con el resto de elementos defensivos de su entorno. Por un lado estaban la torre de l’Aguiló de Villajoyosa, muy cerca de la Cala de Finestrat, y el castillo de Benidorm con los que mantenía un contacto visual. Por otra parte, se relacionaba también con la torre del Albir, o torre de la Bombarda, con la que no tenía contacto visual pero sí mediante atalladors, es decir hombres a caballo. Por tanto, la torre de Les Caletes, situada en el extremo meridional de la Sierra Helada, formaba parte de un denso sistema de vigilancia que incluía la comarca y todo el litoral valenciano.

Las torres estaban situadas a una distancia aproximada de una milla valenciana, unos seis kilómetros, que era la que un hombre recorría a pie en una hora. Esta distancia es también la que separa la torre de Les Caletes de la torre de la Bombarda, al otro extremo de la Sierra Helada, dentro del actual término municipal de l’Alfàs del Pi. En cambio, estaba más próxima de lo normal al castillo de Benidorm. Actualmente hay una carretera que conduce hasta la torre, pero en siglos anteriores el camino era muy dificultoso a causa de los barrancos y se tardaba una hora en llegar andando desde Benidorm.



Descripción de la torre.

Su morfología corresponde a una torre de planta circular y forma troncocónica con espolón en la base. Es el tipo de torre que se edificó en la segunda mitad del siglo XVI, en tiempos de Felipe II. Aunque  el cartel indicativo que hay actualmente en la torre dice erróneamente que es del siglo XVII, en realidad es anterior. Como la primera mención que se hace de ella es de 1561, hay que suponer que su construcción se sitúa entre 1552 y 1561. Las cortes valencianas de 1552 habían aprobado que los ingresos de un nuevo impuesto sobre la seda se dedicaran a la defensa. El virrey, duque de Maqueda, ordenó entonces la construcción de nuevas torres y la redacción de las primeras “Ordinacions per a la defensa marítima”, publicadas en 1555. 


2. Año 1596. Dibujo de Cristóbal Antonelli, 42 x 29 cm. Título: “Perfil de la torre que se a de hazer en el puerto de Morayra y Isla de Benidorme, costa del Reyno de Valencia.” La torre de Les Caletes debía tener una estructura muy similar. El tercio inferior era macizo y tenía dos pisos encima, estando la puerta en el primero. La comunicación entre ambas salas y la parte superior se hacía con una escalera de madera. (Fuente: ACA, Mapas y Planos, 23/1)


Como material constructivo se utilizó la mampostería recubierta externamente de mortero y no sillares de piedra. La mampostería está hecha con piedras irregulares de la zona (areniscas y calizas) unidas con un mortero de cal y grava que se utilizó también para el recubrimiento exterior. Es un material más económico que los sillares y absorbe mejor los impactos de los proyectiles de las armas de fuego. Pero tiene el inconveniente de resistir peor las inclemencias atmosféricas y si no hay un mantenimiento continuado es difícil evitar que se caiga. 

A principios del siglo XVIII se dice en un informe que el muro de la parte superior estaba deteriorado y con peligro de caer por completo “a caydo la quarta parte de la barbacana de esta torre y si no se compone acabara de caer la demas.” 

Pero el deterioro más grave ha sido provocado por la acción humana. Según Orts Berdín, al finalizar la Guerra de la Independencia y retirarse las tropas de Napoleón, los ingleses bombardearon y destruyeron el castillo de Benidorm y las torres de Les Caletes y Aguiló:  “bombardearon también las torres del Aquilón y Caletes, arrojaron al abismo los cañones de ésta y sustrajeron un catalejo antiguo de gran alcance, prendièndole fuego a su retirada si bien no se incendió por completo, gracias á que los torreros escondidos en la inmediata cueva del Azno, al reembarcarse los incendiarios, dominaron las llamas y salvaron parte de sus muros calcinados.

Por todas estas causas ha desaparecido la mitad superior de la torre. Actualmente, el exterior ha perdido la capa de recubrimiento y hay peligro, si no se toman precauciones, que continúe la degradación por la caída de materiales de la base del muro. 

En 1870, según consta en el Informe de Aguado, la altura de la torre era aún de 9,2 m. incluyendo una pared de 2,2 metros de alto y de 1,5 m. de espesor. En 1995 la altura era de sólo 7 m. Esta diferencia se debe a que se ha derrumbado la pared y lo que actualmente queda de la torre es un cuerpo macizo, sin paredes interiores. Eso significa que la erosión ha complementado la destrucción humana y continuará si no se toman medidas para su conservación. 

La torre de Les Caletes está construida sobre un promontorio que se adentra en el mar, por lo que es un lugar muy apto para vigilar la Sierra Helada, donde las numerosas calas permitían ocultarse a los corsarios. Otro punto peligroso era la Isla de Benidorm, donde podían esconderse las naves sin ser vistas desde dicha localidad. La vigilancia conjunta de la torre de Les Caletes, de l’Aguiló y del castillo de Benidorm, permitía minimizar el peligro de una zona que Luis Fajardo denominó “puerta de Argel” porque a causa de la escasez de población cristiana, los musulmanes norteafricanos podían entrar impunemente en el litoral de la Marina.




3a y 3b. Alzado y planta de La torre de les Caletes: a la izquierda en 1870 y a la derecha en 1990. (Fuente:   MENÉNDEZ FUEYO, J.L.)

Por su situación, la torre de Les Caletes podía controlar la arribada de naves corsarias a la isla Mitjana, a les Penyes de l’Albir (antigua denominación de Sierra Helada) y a Les Caletes de Benidorm. Avisaba del peligro corsario mediante señales de fuego y humo a la torre de l’Aguiló, el castillo de Benidorm y Polop. 

El promontorio sobre el que está edificada la torre tiene un importante acantilado en su sector oriental. La torre está construida precisamente en ese lado, con lo que estaba protegida de ataques por este sector. Pero en su sector occidental el promontorio se inclina suavemente hacia el mar, por lo que sí que había peligro.

La torre tenía una plataforma maciza de unos 7 metros de altura para resistir mejor los trabajos de zapa y los impactos de la artillería. A continuación, había una o dos salas utilizadas como almacén del armamento y de los alimentos y también para el alojamiento de los guardias. En la plataforma superior, había garitas para la vigilancia y todo lo necesario para hacer señales de fuego y humo. Estas salas estaban comunicadas mediante una escalera, probablemente de madera, ya que Orts Berdín habla de un incendio provocado por los ingleses.

A causa del deterioro que ha sufrido, no podemos afirmar con certeza que tuviera elementos para las defensas activas: cañoneras, troneras o matacanes. Pero es lógico pensar que habría alguna de estas aberturas para las armas de fuego, especialmente las dos primeras. Un informe de Juan Bautista Antonelli nos indica que en 1561 había un mortero. Vespasiano Manrique, en 1673, la cita como Torre ò Castell de les Escaletes, lo cual es poco usual y sugiere la existencia de artillería. Lo habitual era denominar torre al edificio de vigilancia y castillo al edificio defensivo, que además presentaba morfología diferente. 


4. Estado actual de la Torre de les Caletes mostrando su deterioro. Se aprecia el alambor o inclinación del muro. En la parte izquierda de la base se aprecia también la arista del espolón. Al ser un cuerpo macizo, la puerta debía estar como mínimo a 7 metros de altura


Por otro informe de 1709, sabemos que en esta fecha había un cañón de siete libras inutilizado: “Y ymporta mucho que este cañon se monte por refugiarse a la torre muchas embarcaciones.” Por tanto, se puede deducir que como había piezas de artillería tendría las adecuadas cañoneras. Refuerza ésta hipótesis el hecho de que por su situación fuera más fácil de atacar por mar. 

Pero sí que tenemos certeza de la existencia de defensas pasivas, constituidas por el alambor, el espolón, la puerta alta y la barbacana. 

El alambor es el talud exterior de los muros que con su inclinación dificulta el trabajo de zapas o la colocación de elementos para escalar los muros; su construcción indica el uso habitual de armas de fuego de tiro tenso. Combinado con un matacán superior, cuya existencia sólo podemos conjeturar, eliminaba los ángulos muertos y se podían lanzar objetos que rebotaban y hostilizaban a los atacantes.

El espolón es también un elemento típico de las torres de los siglos XVI y XVII. Se trata de una construcción adosada a la base del muro en forma de ángulo agudo con arista; sólo hay un espolón en la parte meridional (SO), que era la más vulnerable. Su función principal era evitar la colocación de máquinas de asedio, pero en la torre de Les Caletes también servía para dar más estabilidad a la base, dada la inclinación del terreno. La simple observación visual permite comprobar que la torre se apoya sobre el espolón, lo que indica que éste se construyó primero. 

No quedan restos de la puerta, pero según se puede comprobar en otras torres (por ejemplo la del Aguiló) tenía que estar muy alta, y los defensores debían acceder mediante una escala de cuerdas o de madera que se retiraba en caso de peligro. Era un sistema de origen medieval, muy incómodo para los defensores, pero en su construcción se valoró más la seguridad. 

Tampoco quedan restos de la barbacana que se cita en la documentación, por lo que no conocemos su estructura exacta. Si era similar a la que dibujó Cristóbal Antonelli, sería un muro con troneras que rodeaba la parte superior de la torre sobresaliendo de ella a modo de voladizo, por lo que debería apoyarse en unas vigas denominadas canes. Es probable que en el suelo de ese voladizo se abriesen vanos, denominados matacanes, cuya misión era hostigar a los enemigos que estuviesen en la base de la torre.
5. La barbacana era un muro defensivo que formaba un saledizo rodeando la parte superior de la torre.



Referencias históricas.

La torre de Les Caletes aparece por primera vez en el informe de 1561 del ya citado arquitecto e ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, donde se dice que se acondicionará y se instalará una guarnición permanente de tres hombres: “la torre de las Caletas de Benidorme que esta a la parte de poniente en las Peñas del Albir se tornara a adobar y proveerse un morterete y de mosquetes, y se bolberan las tres guardas cameras que van en las dichas peñas.
En 1575 hay un escrito del señor de Benidorm al virrey Vespasiano Gonzaga en el que se queja de los grandes gastos que le ocasiona esta torre y de su importancia estratégica por el constante desamparo de la villa frente a los ataques de los piratas. 

La torre de Les Caletes aparece con la denominación de atalaya en el mapa de Abraham Ortelius de 1584 y en otros posteriores. En dicho mapa, al norte de Benidorm está dibujado con bastante exactitud el perfil de la Sierra Helada y a cada extremo hay un círculo y una torre. Evidentemente, se hace referencia a las torres de Les Caletes y Bombarda. 

Según Gaspar Escolano en 1590 sufrió un ataque de 500 corsarios musulmanes dirigidos por Arnau Mami que fue repelido por sus defensores. 

La torre de Les Caletes aparece también citada en las diversas ordenanzas y disposiciones sobre la defensa de la costa, destacando las “Ordinacions tocants a la custodia, y guarda de la costa maritima del Regne de Valencia” publicadas en 1673 por el virrey Vespasiano Manríquez, conde de Paredes. 

En el siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión, aparece en los planes de defensa costera de 1709 y 1710, reorganizando el sistema defensivo. Se hace constar que estaba en mal estado y que era preciso realizar algunas reparaciones; el armamento era muy deficiente porque el cañón estaba desmontado y los guardias debían utilizar sus escopetas porque los mosquetes estaban estropeados. Se ordena que se instale un alcaide “que sirva por su honor sin sueldo, y por aver un cañon se avran de mantener dos soldados, y un artillero que ganaran entre los tres noventa reales al mes.” 

En las “Relaciones geográficas, topográficas e históricas del REINO DE VALENCIA hechas en el siglo XVIII a ruego de Don Tomás López” se recogen los informes de algunos párrocos de la Marina sobre su población y las vecinas. Destaco dos de ellos:
Siguiendo la costa del mar, se halla el promontorio nombrado peñas de "Albir", por lo que mira al mar, y por lo que mira a tierra se denomina sierra de "Elda" [Helada]; en ella se hallan tres estancias de atalayas, la más inmediata a Benidorm llamada castillo de "Escaleras", con cinco soldados de costa y un Alcayde, en la que hay también un cañon para su defensa y aviso de piratas y enemigos; en el medio de dicha sierra hay otra guardia de tres atalayas, nombradas del "Seguro", y al fin de ella, y entrada al puerto de Altea, hay otra torre, nombrada de la "Bombarda", con tres atalayas, por donde dividen los términos de Polop y Altea”. (Francisco Lloret, párroco de Villajoyosa)

Sigue la parte de Poniente de Altea una punta llamada la Bombarda con una torre en lo alto de ella distante de Altea tres quartos de legua; sigue de la misma punta un monte llamado la Sierra Elada y al remate de ella una torre con un cañón encima de una punta llamada las Escaletas, distante de la antecedente una legua; sigue la villa de Benidorm, situada en un montecito” (Vicente Castelló, párroco de Altea).
Los dos testimonios coinciden en decir que la torre de les Caletes seguía formando parte del sistema defensivo ya que contaba con un cañón. El párroco de Villajoyosa da más detalles: tenía cinco soldados y un alcaide. En mi opinión estos testimonios contradicen la tesis de que la torre fue destruida a finales del siglo XVII o muy a principios del siglo XVIII porque en las excavaciones de 2017 se encontraron monedas de los últimos reyes de la casa de Austria. La existencia de las monedas es un hecho indiscutible pero deducir que marcan el final de dicha torre contradice varios testimonios escritos de los siglos XVIII y XIX por lo que creo que se debe buscar otra explicación. Los informes de los dos párrocos dejan muy claro que la torre aún se mantenía activa hacia el año 1779, fecha en que se redactaron. 

En este siglo tenemos la primera determinación conocida de sus coordenadas geográficas. Se encuentran en la obra del oficial de la marina Vicente Tofiño de San Miguel “Derrotero de las costas de España en el Mediterráneo y su correspondencia de África” editada por vez primera en 1798 pero con medidas tomadas entre 1783 y 1784. En la bahía de Benidorm se determinan dos puntos: “la cuchilla de Roldán” en Puig Campana y la Torre de les Caletes. Las coordenadas de ésta última son: latitud norte 38º  30’  45’’; longitud este 6º  12’  26’’. La Marina Española adoptó el meridiano de Greenwich en 1910 por lo que hay que restarle los 6º 12’ 20’’ de diferencia con el meridiano de San Fernando, Cádiz, vigente en el siglo XVIII.

En 1814, vuelve a aparecer la torre en la documentación, pero la misión defensiva pasa a segundo plano, porque se quería utilizar como elemento de vigilancia del contrabando. Se trata del “Plan è Ynstruccion que comprende todos los puntos y calas de la costa de Alicante.” El objetivo del Plan era impedir el contrabando, muy importante a causa de la gran cantidad de lugares donde los contrabandistas podían desembarcar clandestinamente sus mercancías. Por tanto, se ordena que se emplee una persona en la torre de Les Caletes “para que observe los Buques que fondean en la Ysla mediana” e informe a sus superiores.

Una de las últimas referencias que tenemos sobre el personal de la torre data del siglo XIX. Antonio Morales Bayona, alcalde de Benidorm, informaba que se presentó el día 26 de mayo de 1851 en la alquería de Liriet, llamado por su propietario, José Thous Pérez. La guardia civil había rodeado la casa por orden del gobernador civil de Alicante a causa de divergencias políticas. En la casa de Thous se encontraron diversas armas de fuego y “el despacho [nombramiento] de Alcalde de la Torre de Caletas”. El mencionado nombramiento se debía, probablemente, a su destacada intervención en la represión del contrabando en años anteriores. José Thous fue el último o uno de los últimos alcaides de la torre, ya que unos meses antes había sido entregada al cuerpo de carabineros, que desde aquel momento se encargó de perseguir el contrabando.

El año 1870, el capitán de ingenieros, Joaquín Aguado, redactó un informe indicando el estado de las torres de todo el litoral con motivo de su entrega al cuerpo de carabineros. Sobre la torre de Les Caletes escribió el 1 de mayo de dicho año:   “A una hora de camino del pueblo de Benidorm por un terreno de muy difícil piso montañoso y lleno de barrancos sin carretera de ninguna especie se halla esta torre. Está situada sobre un cerro en que termina entrando en el mar la Sierra del Seguró, este cerro es el que lleva el nombre de las Caletas. Su forma es circular pero no se conserva más que lo suficiente para dar idea de ella, se halla en un completo estado de ruina a causa de haber sido volada por los Ingleses. Fue entregada como las demás al Cuerpo de Carabineros por el de Ingenieros en 31 de Diciembre de 1850 según Real Orden de 1º de Octubre de 1849, cuyo cuerpo no la utilizaba por el estado de ruina en que se encontraba. En el inventario de la entrega que se hizo de ella al Cuerpo de Carabineros de que se ha hecho mención se especifica que el terreno sobre que está situada es de roca y no es susceptible de cultivo, así que su redonda no tiene valor.

El texto deja bien claro que en 1849 la torre estaba en ruinas y no podía ser utilizada por los carabineros para vigilar el contrabando. Esto hace más verosímil la afirmación de Pedro María Orts Berdín sobre su destrucción durante la Guerra de Independencia.


El sistema de vigilancia.

De todos los documentos citados anteriormente, las “Ordinacions...” de Vespasiano Manrique son las que más información nos suministran para conocer cómo se organizaba el servicio de vigilancia de las torres de vigía y cómo era la vida de las personas que se dedicaban a aquel trabajo. Recogen muchos elementos de las Ordenanzas del duque de Maqueda y añaden otros nuevos a causa de todo un cúmulo de abusos, descuidos y negligencias por parte de los oficiales y soldados de la costa, según indica F. Requena. 


El ataque que sufrió Calpe el año 1637, durante el cual la mayor parte de sus habitantes fueron capturados y hecho esclavos, fue atribuido por los contemporáneos al incumplimiento de sus obligaciones por parte de las personas encargadas de la vigilancia del litoral.

Según las "Ordinacions..." la torre de Les Caletes formaba parte del “Partit de Vilachoyosa” dentro del cual se encontraban las torres de la Galera, Cap Negret, Castillo de Altea, Torre de la Bombarda, Torre de les Caletes, Castillo de Benidorm, Torre de l’Aguiló, Castillo de Villajoyosa y Torre del Charco. 
6. Las torres vigía del litoral de la Marina.

Todas estaban bajo la supervisión de un requeridor que se encargaba de contratar, pagar y controlar los guardias, atalladors y oficiales de su distrito. Estaba obligado a visitar todas las torres un mínimo de tres veces al mes, siempre en horas y días diferentes “de manera que troben a les Guardes agenes, y descuidades de dites visites, pera que millor se puixen satisfer, y informar de com cumplixen ab ses obligacions.

Además, el sistema de vigilancia se completaba con dos personas que cada mañana debían subir a Sierra Helada antes del amanecer y vigilar los dos puntos más peligrosos: “una hora ans de amaneixer, y han de descubrir la Isla que dihuen mitjana, que dista de lo alt de la Serra cosa de mitja llegua, i el puesto que dihuen Bol de Bolitg, ahon pot haver fragates.” 

También había una persona vigilando en la cueva de Moncaxer que tenía la “obligació de descobrir tots los dies al amaneixer desde la punta del Pinet a la dita Cova, que es puesto ahon poden estar amagades dos galeotes. [...] Y mes tindrà obligaciò dita guarda de Moncaxer, que si fes rebato la Torre de les Escaletes ans que la Guarda de enmig (que està en les Penyes del Albir) de anar a saber la causa de dit rebato y donar déll avis al Castell de Benidorm, ò a la Companyia de Cavalls.” 

De la torre de Les Caletes se dice que: “encara que no se ha acostumat a doblar guardes en ella, de aci avant dels deu homens que Polop te obligació de enviar al Castell de Benidorm, acudiran los tres a dita torre.

La expresión doblar guardes quiere decir que además de los guardias pagados por el Reino, que debían estar todo el año, las diferentes ciudades y villas estaban obligadas a enviar, a sus expensas, guardias a pie y a caballo entre mayo y septiembre, ambos incluidos, y siempre que fuera necesario. Era el virrey el encargado de dar la orden de “doblar les guardes.

Las torres de la Bombarda y Les Caletes no tenían atalladors porque los castillos de Altea y Benidorm hacían ese servicio. Los atalladors eran guardias a caballo que recorrían un camino predeterminado vigilando las calas y puntos más escondidos de la costa. Debían salir muy de mañana antes de que llegasen las naves musulmanas. Un atallador de Benidorm, “el que haurà de anar a la part de llevant anirà per la platja fins aplegar a la punta del Pinet, en la qual el soldat, ò atalaya de la Cova de Moncaxer li donarà el segur, y ab ell passarà avant fins encontrarse ab lo Atallador de Altea en lo puesto, que es diu lo Cap del atall, de ahon pendràn los dos atalladors lo segur del Soldat, ò Atalaya que serà de guarda en lo alt de les Penyes del Albir, que es diu Guarda de enmig.

Por su parte, los vigilantes o “Atalayes” de Sierra Helada tenían obligación de ir vigilando el litoral hasta llegar a la torre de Les Caletes y dar el seguro. Los vigilantes de la mencionada torre, recibido el seguro, caminarían hasta encontrar el único vigilante de la cueva de Moncaxer.


Normalmente, el mar estaba libre de enemigos, lo cual se indicaba en cada torre mediante un haz de leña o de hierba colgando de una pica de como mínimo de veinte palmos (4 metros) “y quant major sia dita granera millor se devisarà” para que los pescadores y la gente de tierra, al divisarla, pudieran ir trabajar seguros. Hay un plano de 1717 en el que se ve la torre de l’Aguilò con la pica y el haz colgando en señal de no haber peligro corsario. 


7. En esta ilustración de principios del siglo XVIII se aprecia la torre de l’Aguiló con el haz de leña colgando de una pértiga que indicaba la ausencia de peligro. También se aprecian las troneras para la artillería, la barbacana con almenas y la garita superior para los vigilantes.


Durante la noche se hacían tres fuegos “de segur, com se acostuma a fer d’ordinari”, uno, al inicio de la noche, otro, a media noche y el tercero al alba. Además, se hacía una señal que se pasaba de torre a torre.




Actuaciones en caso de ataque corsario.

Sin embargo, a veces, se descubrían naves corsarias. En estos casos las “Ordinacions” disponían que se hicieran señales de humo o de fuego, se disparara la artillería y se diera aviso a las otras torres:   “quant se descobrisguen enemichs tinguen obligació les Guardes, y Soldats de les Torres [...] de fer tantes falles, o alimares, o fumades si es de dia, quantes fustes se descobriràn, responent a elles les altres Torres, ò Estancies, y en cas que les fustes, ò enemichs llancen gent en terra, facen continua, y ferma alimara, ó fumada tenint los enemichs a vista, y tenint pesa la Torre la despararàn, pera que sien millor avisats los de terra, y les barques en la mar. [...] Item que en les dites ocasions de rebatos [...] haventhi tres soldats en dita Torre, partirà lo hu devès ponent, y lo altre a llevant a dar lo avis, y rebato a les Torres mes vehines restantse lo altre fent dits fochs, ò fumades sens perdre als enemichs de vista.” 

Además en cada torre debería haber un sistema de aviso acústico: “una campana, un cargol de mar, corn ò bocina, pera dar avis per este medi.” 

A partir del aviso del sistema de vigilancia, se movilizaba la compañía de caballería que residía en Villajoyosa. También acudían los guardias de otras torres y villas y la guarnición del fuerte de Bernia mientras estuvo en uso. Si la vigilancia había sido efectiva se podía rechazar el ataque con relativa facilidad y hay numerosos ejemplos que lo confirman. Si se capturaba alguna nave corsaria, la torre que había dado el aviso tenía derecho a cobrar un 20 % del valor de la captura. Pero si la vigilancia había fallado los ataques por sorpresa podían ser muy crueles: Calpe y Callosa son un buen ejemplo.
8.  El sector oriental de la torre daba a un precipicio con lo que era inaccesible por ese sector.




La vida de soldados y atalladors.

La vida de los guardias y atalladors que residían en las torres era dura. Los salarios eran escasos y si había que recortar gastos, los primeros al sufrir las consecuencias eran ellos. Cobraban tres veces al año por períodos de cuatro meses, denominados tercios. 
Todos ellos estaban obligados a residir continuamente en las torres y su vida estaba meticulosamente regulada. El alcaide debía residir noche y día en la torre y sólo podía ausentarse un día a la semana. Debía controlar que la puerta estuviera siempre cerrada y cada noche debería hacer un mínimo de tres rondas: “pera regoneixer com se han mudat les centineles, y si està despert lo que ha de fer, y si toquen la campana ab la corda curta de dos pams (que es lo que deu tenir) ò ab llarga desde ahon se retiren a dormir, y trobantla llarga la deuhen tallar, y notar la falta a qui la haurà comesa, y la mateixa nota faràn trobant dormint a la centinela.

La vida privada de los vigilantes de las torres debería ser muy estricta:  “Item, ordenam, y manam, que el que sia renegador, jurador, publicament amigat, o tahur de manera que ho tinga per ofici, no es reba pera soldat, ans be sia de bona vida, y costums, [...] y sens vicis escandalosos.” 

Su tiempo debería estar dedicado íntegramente a la vigilancia de la costa, por lo que estaban prohibidos los libros, los instrumentos musicales o las artes de caza y pesca:   “Item, que ningun Soldat, Guarda, Atalaya, ò atallador que residixquen en les Torres, ó Estancies puixa tenir llibre, guitarra, gos, furò, llasos, ralls, ni altres generos de filats, ni aparells alguns de cazar, ò peixcar, ni ocuparse mentres esten de atalaya en altra faena, ocupacio o ministeri, que els puixa divertir de la continua, y atenta guardia.” 

Los vigilantes de la torre de Les Caletes no debían abandonar la torre bajo ningún pretexto y sólo uno de ellos podía ir cada tres días a Benidorm a comprar víveres. 




Los que hubieran incumplido sus obligaciones de guardia (dormir o dedicarse a otras ocupaciones) eran multados con el sueldo de dos meses, la primera vez, y con el de tres meses, la segunda, pero también se podían aplicar penas corporales por parte del requeridor. Llevar mujeres que no fuesen las esposas de los guardias también estaba penado, pero si era una prostituta se despediría al soldado:   “Y la mateixa pena [quince días de sueldo] tinguen trobant dones en las Estancies, y Torres que no sien mullers propies dels que en elles residiràn, y trobant alguna dona de mala vida sia despedit lo Soldat per conte de que estarà.




La torre de les Caletes vista por los habitantes de Benidorm.

Con frecuencia, los edificios antiguos tienen la capacidad de excitar la imaginación originando relatos populares fantásticos y se rodean de un aura de leyenda que nos encanta por su ingenuidad. La torre de Les Caletes no ha sido una excepción. 
En 1892 Orts Berdín narraba una de estas historietas:  “Siendo niño, oíamos referir á un tal Cosme Linares, que antes de desmontar los ingleses la torre de las Caletes, una noche obscura, lóbrega, desembarcaron varios moros de una galera á las faldas de las peñas de Arabí, subieron a lo más alto, ataron fuertemente la expresada torre, bajaron otra vez al mar, cogieron los dos extremos de la maroma, y estuvieron forcejeando hasta la madrugada con objeto de arrastrar aquella mole al precipicio y verse libres del alcance de sus cañones, y al sorprenderles el día en aquella operación, abandonaron los cables y se reembarcaron precipitadamente sin conseguir hacer mella al viejo muro.” 


Quizá haya una representación de la torre en los graffiti de la casa del Cisteller de Benidorm. Según Rosa M. Llorca, “en una parte parece dibujada una especie de torre”, aunque la autora no acaba de identificarla. Pero se trata de la representación de un edificio que por su forma troncocónica y su ubicación al lado de un acantilado podría tratarse de la torre de Les Caletes. Si se confirmará ésta hipótesis, el dibujo sería, como muy tarde, de principios del siglo XIX ya que la torre aparece representada entera, con el aspecto que ofrecería desde el mar antes de su destrucción por los ingleses. 


10.  Graffiti de la casa del Cisteller con una posible representación de la Torre de Les Caletes  vista desde el mar.


Posteriormente he publicado más información sobre esta torre. La puedes consultar aquí 








viernes, 22 de marzo de 2013

EL AGUA EN BENIDORM A LO LARGO DE SU HISTORIA.


Francisco Amillo Alegre


Hoy, 22 de marzo, es el Día Mundial del Agua por decisión de la Asamblea General de Naciones Unidas. Se pretende concienciar a todos los organismos internacionales, gobiernos y ciudadanos de la importancia de un agua verdaderamente potable y de un saneamiento en condiciones adecuadas para una vida digna. Sin ella no están asegurados otros derechos básicos del ser humano como son la alimentación y la higiene. 

Dos de cada tres habitantes del planeta no tienen adecuadamente resuelto el problema del agua potable y del agua de riego. Además en muchos países el saneamiento es inexistente, lo que implica graves problemas sanitarios.
Nosotros estamos en ese grupo privilegiado que tiene agua potable y agrícola en cantidad y calidad y un saneamiento que garantiza un correcto estado sanitario. Pero no siempre ha sido así. En este artículo hago un resumen de cómo ha evolucionado el suministro de agua en Benidorm a lo largo de la historia.






Benidorm, el gigante turístico que tanta agua necesita para sus residentes y visitantes, apenas tiene agua propia. La climatología de la zona ha proporcionado siempre unas precipitaciones escasas e irregulares. Además, a diferencia de Villajoyosa o Altea, la ciudad carece de ríos que permitan suplir esa falta recursos hídricos. 
Por ello, desde hace siglos, la viabilidad de Benidorm ha estado vinculada a saber resolver el eterno problema de su escasez de agua. 
Su déficit ha sido casi siempre estructural y en cada momento histórico sus habitantes se han ingeniado para buscar las soluciones más convenientes.

En la Edad Media Bernat de Sarrià fundó Benidorm como municipio cristiano con la Carta Puebla de 1325, pero desapareció como tal casi un siglo y medio después, perdiendo la mayor parte de sus habitantes. Entre las distintas causas de esta despoblación hay que citar la escasez de agua que dificultaba la agricultura de regadío. Para consumo humano se utilizaban el agua de lluvia almacenada en aljibes y la traída por conducciones desde  la partida de Liriet. 

Durante la primera mitad del siglo XVII Benidorm era una localidad poblada con tan sólo 12 familias. Excepto las dos o tres personas dedicadas a la defensa del castillo, la mayor parte se dedicaba a la pesca de la almadraba y unos pocos a la agricultura.  
Como zonas de regadío en la documentación se citan algunos barrancos, destacando Liriet y la partida de la Señoría, situada muy próxima a la actual Plaza Triangular. Se denominaba así porque la tierra, unos pocos bancales, pertenecían a los señores territoriales de Benidorm. Se hace referencia una noria con cuyas aguas se regaban dichos bancales.



En el siglo XX, antes del desarrollo turístico, aún existía la noria de la partida de la Señoría que desde tiempo inmemorial había permitido regar unas tierras próximas a la localidad. El puente que se ve en la fotografía estaba en lo que entonces era la carretera nacional. Actualmente hay un puente metálico, de reciente construcción, junto a la plaza Doctor Fleming.


En la segunda mitad del siglo XVII Beatriu Fajardo de Mendoza heredó los señoríos de Polop y Benidorm. Este último estaba casi despoblado y sus escasos habitantes formaban parte del municipio de Polop, que comprendía también La Nucia y l’Alfàs del Pi. 
Los ingresos de Beatriu Fajardo dependían de las contribuciones que pagaban sus vasallos. Como el señorío de Benidorm estaba casi despoblado obtenía muy pocos beneficios de él. Decidió incrementar su número atrayendo habitantes con la promesa de tierras de regadío. 

Consiguió su objetivo mediante la construcción de la acequia denominada oficialmente Reg Major de l’Alfàs y popularmente Séquia Mare. Llevaba agua de Polop hasta l’Alfàs del Pi (que todavía no era municipio) y hasta una parte del término municipal de Benidorm que entonces se denominaba “l’Alfàs de Benidorm” y también "l'Alfàs de Baix". El resultado fue la repoblación de Benidorm y el continuado incremento de sus habitantes. 
Posteriormente se prolongó la acequia, lo que permitió llevar el agua hasta su casco urbano, donde se utilizaba también para el consumo humano, denominándose popularmente l’aigua de Polop.

Durante los siglos XVIII y XIX el suministro de agua de Benidorm seguía proviniendo principalmente del Reg Major, complementado con otros aportes menores de otras procedencias, como por ejemplo las fuentes del Barranc de Lliriet, del Moralet, los pozos y las norias, de los que había una gran cantidad.

El agua del subsuelo se destinaba sobre todo a la agricultura, y en menor proporción al consumo humano de las casas dispersas por las explotaciones agrícolas del término municipal de Benidorm. La causa de este escaso uso doméstico era la salinidad del acuífero del que se extraían.  



En las casas del pueblo había un patio con un aljibe que recogía el agua de lluvia. Era un sistema tradicional de acumulación de agua que se mantenía libre de insectos mediante una anguila, costumbre que se remontaba a la época romana. 
Durante el mes de enero se llenaban muchos de los aljibes con el agua de Polop que se suministraba mediante una acequia cubierta que circulaba debajo de las aceras de algunas calles como por ejemplo la actual de Tomás Ortuño. En 1956 el ayuntamiento de Benidorm publicaba un folleto titulado “Así será Benidorm” en el que Pedro Zaragoza describía de una manera muy acertada este sistema ancestral: “La cisterna, parcamente administrada a lo largo de doce inacabables meses, ha sido el tesoro y la vida de cada hogar.”


Los aljibes estaban protegidos con una edificación prismática. Una puerta permitía sacar el agua; una pila o abrevadero solía completar el conjunto.



En estos siglos anteriores al auge turístico el consumo de agua para usos domésticos era muy reducido. Se calcula que en 1910 el consumo por habitante y día era de unos 10 litros. Por otra parte la deficiente canalización del agua potable originaba problemas de contaminación fecal y se convertía en un medio de transmisión de enfermedades, como por ejemplo el cólera, que registró graves episodios de mortalidad en el siglo XIX en Benidorm y su comarca. 
El tifus, los parásitos intestinales y otras enfermedades eran recurrentes por esta misma causa. Además la abundancia de balsas de riego en el campo propiciaba la reproducción del mosquito Anopheles que transmitía la enfermedad denominada paludismo o malaria, endémica de la zona. 

En el mundo preindustrial el agua se utilizaba también como fuente de energía para los molinos harineros de los que había varios en todas las localidades de nuestra comarca. El agua del Reg Major impulsaba las muelas de varios molinos harineros de Polop, La Nucia y Benidorm. A principios del siglo XX algunos de ellos, como por ejemplo los del barranco de Xirles, se transformaron en centrales eléctricas. Pero, dado el escaso caudal de los ríos, la electricidad obtenida sólo permitía el alumbrado de las calles y doméstico, siendo normal en Benidorm la utilización de una única bombilla para cada casa.

Finalmente, en la época preindustrial era también muy importante el uso del agua para abrevaderos de los animales domésticos, especialmente de los de trabajo. Estaban repartidos en los principales puntos del término de Benidorm y de la comarca, siendo varios de ellos alimentados con las aguas del Reg Major.  
En las primeras décadas del siglo XX se generalizó la costumbre de instalar lavaderos públicos en todas las localidades, de los que todavía subsisten algunos.



Estado actual de un tramo de la acequia del Reg Major de l’Alfàs, conocido popularmente como Séquia Mare. Aunque su finalidad primera fue la agrícola, hasta la década de1960 se siguió utilizando también para el consumo humano llenando los aljibes domésticos de Benidorm y l’Alfàs del Pi.


A partir de la década de 1940 la construcción del Canal Bajo del Algar supuso la llegada de más agua para Benidorm y l’Alfàs del Pi. Hacia 1952 permitió la puesta en regadío de unas 3.000 hectáreas. Los regantes del centenario Reg Major prefirieron utilizar sus aguas, más baratas y abundantes, y poco a poco fueron vendiendo sus derechos al aigua de Polop, hasta que finalmente ésta dejó de llegar a Benidorm y a una parte de l’Alfàs del Pi.

En la década de 1950 se produjo un cambio importantísimo en la orientación económica de Benidorm. En muy pocos años dejó de ser un pueblo con mayoría de agricultores y pescadores para convertirse en una gran potencia turística. Para ello fue necesario modernizar el sistema de abastecimiento de aguas y darle las características de cantidad, calidad y salubridad que el naciente turismo europeo demandaba. Por eso se inauguró en 1960 la primera red de suministro de agua desde el pozo de Rabasa en la vecina localidad de Polop, primero para las fuentes públicas y más tarde para las casas. 
También se inició en esa década la potabilización del agua destinada al consumo humano creando la correspondiente planta y los depósitos de regulación. Era el ayuntamiento quien gestionaba directamente el servicio de agua potable. 

Como consecuencia del desarrollo turístico se produjeron dos hechos muy importantes respecto al agua: 
a) La población estable y la estacional comenzaron a crecer a un ritmo espectacular. 
b) El consumo de agua crecía también vertiginosamente a causa del crecimiento de la población y de la demanda turística. Según Mario Gabiria llegó a los 1.107 litros por habitante y día hacia 1975. 

La consecuencia de todo esto fue el incremento exponencial en las necesidades de agua para el consumo urbano, por lo que Benidorm tuvo que recurrir a nuevos sistemas de captación. El  pozo de Rabasa, adquirido  en tiempos del alcalde Pedro Zaragoza Orts, sólo resolvió el problema durante unos pocos años, porque sus aportes resultaron insuficientes ante el continuado incremento de la población y del turismo. Por eso se recurría también a potabilizar las aguas del Canal Bajo del Algar en los momentos de mayor penuria.

Paralelamente se iniciaron en la comarca dos obras hidráulicas que aunque destinadas inicialmente para el riego, acabarían siendo importantes también en el suministro urbano: los embalses del Amadorio (1952) y de Guadalest (1960).

Las dificultades en el suministro de Benidorm comenzaron ya en 1976 pero culminaron con la grave sequía del verano de 1978 cuando fue necesario recurrir a barcos-cisterna. Villajoyosa tuvo que utilizar el mismo recurso. Esta situación puso de manifiesto la necesidad de captar nuevos recursos y la conveniencia de aunar esfuerzos y resolver el problema del agua no desde el ámbito estrictamente municipal sino desde el comarcal. 

La consecuencia fue por una parte la potenciación del recién creado Consorcio de Aguas de la Marina Baja (1977) y por otra la perforación de varios pozos a finales de 1978, en tiempos del alcalde Rafael Ferrer, para utilizar las aguas del acuífero de Beniardà, que continúan siendo en la actualidad un recurso importante. Posteriormente se pondría también en explotación el acuífero del Algar (1979). 

En la década de 1980 la creación de la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) de Benidorm, la primera de la comarca, permitió utilizar las aguas del Canal Bajo del Algar para el consumo humano a cambio de ceder las aguas depuradas para usos agrícolas. 
Por otro lado se prolongó dicho Canal hasta el río Torres donde se construyó una elevación que permitió llevar las aguas sobrantesdel río Algar hasta el embalse del Amadorio. 
En 1987 el ayuntamiento de Benidorm cedió la gestión del agua potable y de las aguas fecales a empresas privadas. Aquagest continúa prestando servicio en la actualidad.

Con todas estas iniciativa s Benidorm y la comarca no han vuelto a experimentar una falta de agua tan drástica como la de 1978 a pesar de haberse experimentado sequías más fuertes. Pero el problema del abastecimiento de agua distaba mucho de estar resuelto. Se había llegado al aprovechamiento máximo de todo los recursos (fluviales, subterráneos y depuración) pero el crecimiento de Benidorm y la comarca no ha cesado y el primitivo déficit hídrico de Benidorm es hoy un déficit de casi toda la Marina.

Por eso ha sido necesario buscar soluciones nuevas. La más reciente ha sido la conexión de la Marina, mediante una conducción de 35 Km., con el sistema de abastecimiento de la ciudad de Alicante, con lo que la comarca puede recibir, en caso de necesidad, aguas del trasvase Tajo-Segura-Taibilla-Vinalopó y de la desaladora de Mutxamel. 
También está en proyecto recibir aguas del Júcar, aunque los cambios políticos del 2004 retrasaron su puesta en funcionamiento al cambiarse el punto de toma de las aguas. 
La paralización del denominado Plan Hidrológico Nacional por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, por razones políticas que no económicas, impidió la llegada a nuestra comarca del agua del Ebro y se perdieron las subvenciones que daba la Unión Europea para ese trasvase.

De todas formas, aunque estos proyectos paralizados hubieran llegado a concluirse, a la larga tampoco serían suficientes si el crecimiento demográfico de Benidorm y de la comarca de la Marina no se detiene, porque el aumento de población implica mayor demanda de agua. 
De momento el crecimiento demográfico no ha sido tan enorme como podría haber sido si no hubiese sido por la crisis económica que padecemos desde 2007. Hay que destacar, en este sentido, el parón en la construcción en Polop, La Nucia y Benidorm (Plan Armanello) porque si se hubiese construido todo lo que estaba en proyecto la población de la comarca habría crecido de forma espectacular.

Como en esta comarca ya hay un aprovechamiento integral de los recursos propios disponibles, si el crecimiento demográfico continuara al ritmo actual habría que añadir dos nuevas aportaciones: el agua de los trasvases y la mejor utilización del agua del mar. 

A pesar de la crisis de la construcción de los años 2007-2009 la población de la Marina Baja no ha parado de crecer: de 2001 a 2009 el crecimiento de la población residente ha sido del 38,5 %.


Respecto al agua del mar, su uso en las playas ha demostrado sus posibilidades ya que supone un ahorro de agua potable de más de 38.000 m3 anuales. 

Para utilizarla en el consumo humano y en el riego, las técnicas de la ósmosis inversa y la microfiltración han demostrado su eficacia, aunque de momento su coste de obtención es superior al del agua trasvasada. 
El ministro socialista José Borrell había defendido que el coste energético del agua trasvasada es mucho menor que el del agua desalada. El consumo de electricidad para los trasvases es de 1,94 kilovatios/hora de valor medio según el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (CIRCE), dependiente de la Universidad de Zaragoza. 
En cuanto al precio del agua desalada ésta depende mucho de la electricidad, cuyo precio ha ido incrementándose y por tanto el agua desalada resulta prohibitiva para la agricultura.  Los gastos de desalación oscilan, según tipos de desaladoras, entre los 3,7 y 4 kilovatios/hora por cada metro cúbico a lo que hay que añadir 1,7 kilovatios más por bombeo desde la desaladora hasta los depósitos de distribución. Este coste más elevado de la desalación es la causa de que la desaladora de Terra Mítica apenas funcione y sea más rentable comprar agua depurada al Consorcio de la Marina Baixa. 

Si la técnica se abaratase y la demanda de agua siguiera creciendo al mismo ritmo que hasta ahora, la desalación sería la única solución para la Marina Baixa en situaciones de sequía del resto de España, cuando no se pudiese disponer del agua excedentaria de las cuencas del Ebro, Tajo o Júcar. 

Como compensación por la supresión de los trasvases, en el programa AGUA (Actuaciones para la Gestión y Utilización del Agua) presentado por el gobierno socialista en 2006, se contempló la construcción de una gran desaladora de 52.000 m3/día, para complementar el suministro a las comarcas del Alacantí y la Marina Baixa. Tras desecharse su emplazamiento en Altea, Benidorm y El Campello, la opción finalmente decidida fue Mutxamel, junto al cauce del río Seco. Las obras se iniciaron en 2009 y su final previsto era en el 2011 pero fue en octubre de 2012 cuando la empresa Acuamed firmó el Acta de Recepción de las obras, comenzando la fase de operación y mantenimiento por un periodo de 3 años. 

Aunque esta desaladora de Mutxamel se denomina Desaladora de la Marina Baja, el destino prioritario de su agua será la comarca del Alacantí pero en caso de necesidad podrá aportar unos 8 Hm3 a nuestra comarca, lo cual nos daría seguridad en el abastecimiento para unos 20 años si el crecimiento demográfico se mantiene como hasta ahora. 
Otra cuestión es el precio de dicha agua, pero parece evidente que los altos costos energéticos y medioambientales de la desalación serán muy tolerables en años secos, cuando no se pueda enviar agua trasvasada a nuestra comarca. En cambio en años de gran pluviosidad, el menor coste económico del agua de los trasvases aconseja su uso. 


Desaladora de Mutxamel


Como conclusión a este breve repaso a la evolución histórica del uso del agua en Benidorm, conviene señalar una constante: en los últimos siglos se ha hecho con gran eficiencia. 
Antes de 1950 había un aprovechamiento integral del agua del Reg Major que se utilizaba para la agricultura, el consumo humano, molinos harineros, lavaderos, etc. Para aprovechar al máximo sus aguas los habitantes de Benidorm han promovido a lo largo de los siglos la redacción de reglamentos que regulaban su uso, destacando los de 1783, 1847 y 1926. Hasta la década de 1980 la sede de la administración del Reg Major estaba en Benidorm y sus agricultores llevaban la iniciativa en su gestión. 
En el siglo XVIII Cavanilles elogiaba el interés y la habilidad de los agricultores de Benidorm para aprovechar todo tipo de aguas: del Reg Major, subterráneas, de lluvia, de pequeños manantiales, etc. 
En el siglo XIX se señala que, a pesar de la carencia de recursos propios, se administraba el agua de forma que en años de sequía mientras otras poblaciones pasaban escasez aquí el suministro estaba asegurado. 

A partir de 1956 el crecimiento de Benidorm como ciudad turística está condicionado por la disponibilidad de agua. La primera solución, el abastecimiento desde los pozos de Polop, fue totalmente insuficiente a los pocos años por lo que se complementó con la de los embalses y el Canal Bajo. 
La sequía de 1978 causó pérdidas importantes en este sector y se tomaron medidas para que no se volviera a repetir una situación similar. Se han diversificado los recursos y se ha administrado con cuidado el agua disponible, incluida la reutilizada.
El correcto funcionamiento de la red de suministro de agua potable es un ejemplo de esta actitud: en algunas localidades las pérdidas de agua a través de las conducciones pueden llegar al 40 % pero en Benidorm se han minimizado con un correcto mantenimiento como confirman diversos estudios. Según Mario Gaviria el consumo por habitante ha ido disminuyendo ya que en 1975 sus aproximadamente 15.000 habitantes consumían diez hectómetros cúbicos de agua al año mientras que los 71.034 vecinos de 2009 consumieron once, lo que traducido a litros por habitante y día significa bajar de 1.107 litros a 383.

Salta a la vista que, en contra de la creencia popular sobre el despilfarro de agua en las zonas turísticas a causa de los campos de golf y piscinas, el sector turístico de Benidorm no supone un especial incremento del consumo de este recurso. En realidad, los estudios demuestran que el consumo turístico de agua en la comunidad valenciana supone sólo un 4,6 % (150 hm3/año) mientras que la agricultura consume un 76,4 % (2.641 hm3/año), destinándose el 19 % restante (663 hm3/año) a usos industriales y urbanos. 
Y en el caso de Benidorm el consumo de agua es aún menor que en otros municipios de la Marina. Hay estudios que demuestran que su modelo urbanístico, potenciando los hoteles y bloques de apartamentos en vez de extensas urbanizaciones de chalets como sucede en otros municipios turísticos, es un sistema mucho más eficiente desde el punto de vista del uso racional del agua.

En cuanto al uso del agua para la agricultura, la decisión que los regantes tomaron en la década de 1980 cambiando las aguas blancas del Canal Bajo del Algar por las depuradas de la EDAR de Benidorm fue acertada porque se aseguraban un suministro constante y regular de agua sobre todo en verano, cuando más déficit de agua hay en la red hidrográfica. Los problemas iniciales, surgidos por la inadecuada depuración de las aguas residuales en los meses estivales y su salinización, están solucionados con las recientes obras para ampliar su capacidad y el moderno tratamiento terciario del agua depurada con desalación, único en España en el momento de su construcción. Este sistema hace el agua apta no sólo para la agricultura sino también para regar jardines y baldeo de calles. 

Benidorm y la Marina Baixa, a pesar de la escasez de precipitaciones, pueden autoabastecerse en años normales porque se ha racionalizado el consumo de agua hasta límites insospechados, se han diversificado las fuentes de suministro, se han respetado los derechos históricos de los regantes y se ha posibilitado el desarrollo turístico. Se ha llegado a una serie de acuerdos que han minimizado las denominadas “guerras del agua” de otras comarcas. La Marina Baixa se puede considerar como un “modelo de gestión integral” del agua porque se sabe, desde hace siglos, que es un bien escaso que se debe administrar sabiamente.

Pero como nada es perfecto y siempre se puede mejorar, habría que potenciar la "revolución azul" con campañas para fomentar el ahorro de agua por parte de ciudadanos e instituciones. El ahorro actual de agua es una reserva para el futuro.
Respecto al ahorro, en Benidorm tenemos una asignatura pendiente: los contadores colectivos de muchos bloques de viviendas. Son una incitación al gasto innecesario de agua ya que paga lo mismo el que la ahorra que quien la despilfarra. Por tanto nadie se preocupa por reducir el consumo excesivo, cosa que sí se da en las viviendas con contadores individuales. En ellas los últimos y espectaculares incrementos del precio del agua animan a un gasto más racional.  

Y para finalizar un principio fundamental que nuestros antepasados tenían muy bien asimilado: "El agua es un bien preciado y escaso que se debe administrar con sabiduría".

lunes, 18 de marzo de 2013


UN ALJIBE DE SERRA GELADA, EJEMPLO DE ELEMENTO HIDRÁULICO DE LA AGRICULTURA TRADICIONAL Y DE DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO.




BEATRAIU FAJARDO DE MENDOZA pudo repoblar Benidorm  en 1666 gracias a que previamente había construido la acequia del Reg Major de l’Alfàs, popularmente conocida como Séquia Mare. Esta infraestructura impulsó el desarrollo agrícola y demográfico de dicha villa en ese siglo y los siguientes. 



Fotografía del cauce de la Séquia Mare en la partida de Coves, en Benidorm, por el que ya no circula el agua de riego. Se aprecia también el antiguo lavadero de piedra.

En la actualidad la Séquia Mare sobrevive sólo en La Nucia, donde se ha tomado esta fotografía, y parte de l’Alfàs del Pi. 

 ¿Por qué este regadío fue tan decisivo en el devenir de Benidorm? Porque a causa de las condiciones climáticas de nuestra zona,  caracterizadas desde hace siglos por unas lluvias escasas y espasmódicas, el regadío se convertía en una necesidad ineludible para el desarrollo de algunos cultivos. 

La producción del secano no era suficiente para asegurar la alimentación de la familia campesina y el regadío ha constituido, desde épocas muy remotas, un complemento indispensable para su supervivencia.



Cultivos de secano (algarrobos, almendros, olivos, vid, cereal, etc.) en laderas montañosas abancaladas, una forma tradicional de explotación de la tierra en nuestra comarca. Los bancales evitaban la erosión del agua de lluvia y la repartían por las tierras de cultivo. Pero esta producción del secano necesitaba complementarse con el regadío, del que se obtenían otros elementos básicos en la alimentación humana.


Por eso el mayor desarrollo agrícola durante la segunda mitad del siglo XVII se produjo en la zona que entonces se denominaba l’Alfàs de Baix o l’Alfàs de Benidorm, que comprendía las tierras más llanas y fértiles de su término municipal. Allí el regadío, gracias a la Séquia Mare, aseguraba una serie de cultivos que alimentaban personas y animales. Con esa agua y gracias a las buenas condiciones térmicas del invierno, de muy pocas heladas, se podía asegurar el sustento de los agricultores con varias cosechas anuales.

De esa manera la población empezó a crecer y se fueron roturando nuevas tierras, agotándose muy pronto las mejores. Este fenómeno sucedió hacia 1730. A partir de esa fecha, la población crecía, pero la tierra agrícola no. Así que una parte de los habitantes de Benidorm se dedicó a la actividad marítima, que a partir de entonces y hasta 1950, adquirió su mayor desarrollo: pesca,  almadraba,  corso, contrabando y su represión, marina mercante, etc. 


Barcas de pesca y barrio de pescadores a Poniente del casco antiguo de Benidorm, en lo que actualmente es Paseo Colón y Parque de Elche.

Durante los siglos en los que la actividad pesquera fue muy importante, Benidorm no disponía de puerto. Barcas y redes utilizaban el principio de la playa de Poniente.

 A pesar del gran desarrollo de la actividad marítima, de 1750 a 1950, el crecimiento vegetativo (el resultado de restar las defunciones a los nacimientos) era positivo y  la población crecía, pero una parte de ella no encontraba trabajo con lo que empezó la emigración: Norte de África, América, Europa... 

Y eso que se buscaron todas las soluciones posibles para evitarlo. Por ejemplo se ocuparon las tierras de peor calidad agrícola y sin riego, denominadas tierras marginales. 
En ellas el relieve de fuertes pendientes dificultaba el cultivo. Además su litología predominante de calizas y margas originaban suelos agrícolas poco profundos y fácilmente deleznables. 


Fotografía de  bancales en  la Serra Gelada, en el barranco que desagua en la cala del  Ti Ximo. Implican un enorme esfuerzo humano para obtener un escaso rendimiento agrícola. Se aprovechaba el agua que circulaba por las laderas del barranco, para que empapara la tierra de cultivo. De otra manera habría ido al mar.



Cultivo en las tierras marginales de Serra Gelada.

En Benidorm se cultivó la ladera norte de Serra Gelada, un buen ejemplo de tierras marginales aprovechadas al límite. Un brazal de la Séquia Mare, el braçal de Sanç que era el más largo porque llegaba hasta el mar, regaba sólo una parte de ella, la más baja. El resto parecía condenado a ser terreno improductivo. Pero no fue así: el tesón y la necesidad de las gentes de Benidorm las hizo productivas. 

Para compensar las escasas precipitaciones naturales y la imposibilidad del regadío tradicional, se aprovecharon al máximo las lluvias otoñales y primaverales, a menudo de carácter torrencial. Eso se consiguió con la construcción de bancales y terrazas en las laderas de la montaña, obteniendo así tierras de cultivo.

Con este sistema conseguían también controlar la capacidad erosiva del agua de lluvia, impidiendo que arrastrara la escasa tierra de las laderas. Además la aprovechaban toda, no dejando que fluyese hacia el mar tan preciado líquido. 

Así en los antiguos terrenos improductivos pudieron cultivar olivos, algarrobos, almendros y también algunos cereales poco exigentes en agua que debían estar en rotación con el barbecho. 

Estos cultivos arbóreos, que configuraban el paisaje agrario del secano,  desarrollan unas raíces profundas y de gran extensión, con lo que podían captar mejor la humedad del subsuelo y sobrevivir al durísimo verano, cosa que no pueden hacer los cultivos herbáceos.  
El cultivo asociado de arbolado  y cereales minimizaba  el impacto de un año de escasas precipitaciones: la baja cosecha de cereales se compensaba con la de los cultivos arbóreos. Y en años secos o muy secos, ésta última era la única cosecha posible.

Pero para que este tipo de cultivo fuera posible había hecho falta modificar previamente la pendiente del terreno mediante la construcción de bancales de piedra que se rellenaban de tierra, a veces traída desde muy lejos. Fue el fruto de cuantiosísimos esfuerzos del agricultor, sólo con su trabajo personal, ya que su instrumental era muy escaso.

Así se creaba un sistema de terrazas planas en las laderas, uno de los más antiguos y eficaces para disminuir la erosión e infiltrar el agua en la tierra en vez de correr ladera abajo. El suelo retenía así una parte importante del agua de lluvia y las cosechas podían ser viables.



Esta captura de Google Maps permite apreciar los numerosos bancales y terrazas de Serra Gelada. Los muros de piedra seca de los bancales son las líneas oblicuas que cruzan la imagen. También se aprecia que al ser tierras muy alejadas del casco urbano, se construían pequeñas casas que servían de hábitat temporal y de refugio durante las temporadas de trabajo. En la imagen se aprecian los restos de tres de ellas.


Las terrazas remontan así las pendientes como graderías que ascienden en ocasiones hasta la misma cumbre y, como norma general, hasta el límite ecológico de los cultivos. Su construcción implica un ímprobo esfuerzo, pues, la rotura de las pendientes obliga, a menudo, a brutales desmontes para crear las parcelas y, en otras, al transporte del suelo desde los lechos fluviales hasta las laderas.” (“La cultura del agua en ámbitos semiáridos: valores paisajísticos, ambientales y culturales” artículo de María Hernández Hernández y Enrique Moltó Mantero)

Este trabajo de abancalado modeló laderas y cauces hasta límites insospechados. Como dijo el geógrafo Deffontaines “el campo es aquí, sobre todo, arquitectura”. Su existencia sólo se entiende por el “hambre de tierras” que dominó en Benidorm en los siglos XVIII y XIX a causa del enorme crecimiento demográfico. 




El aljibe de Sierra Helada.

El "secano mejorado" (expresión utilizada por Antonio López Gómez, uno de mis profesores de la Universidad de Valencia) es un sistema típico de las zonas de clima árido del Sureste español y Benidorm está entre ellas. 

Los agricultores habían observado que un pequeño riego algunas veces al año aumentaba notablemente la producción del secano, sobre todo en el caso de olivos, almendros y cereales. Se aseguraba una parte de la producción casi todos los años, al no depender exclusivamente de la irregularidad de las lluvias.

El agua para estos riegos podía obtenerse recogiendo en aljibes y balsas la que circulaba por torrenteras y barrancos y en la comarca tenemos algunos ejemplos de esta arquitectura hidráulica. La cantidad de agua aportada con este sistema era escasa por lo que no se puede hablar de regadío.

En el caso del aljibe que voy a comentar, el agua de lluvia en él recogida se dedicaba al consumo de los carabineros que tenían el cuartel muy cercano y posteriormente al riego. Está destruido y si en alguna ocasión hubo alguna acequia de tierra, ha desaparecido también. El volumen de agua almacenado era escaso y el riego con ella, nunca pudo considerarse regadío sino secano mejorado.

De todas formas, en estos momentos ya da igual el uso que tuvo. Lo importante es que constituía un elemento clave en la supervivencia de las gentes que tan duramente trabajaron en esa zona para ganarse el sustento.

El aljibe estaba situado muy próximo a la última estación de bombeo que sube el agua hasta la depuradora, un poco más al norte. Aunque actualmente está destruido, en los mapas de Google todavía aparece porque, afortunadamente, están sin actualizar. En el año 2004 hice algunas fotografías pero cuando volví en el 2010, para tomar medidas de sus dimensiones, ya estaba destrozado, ignoro la causa. 


El círculo amarillo muestra la situación del aljibe de Serra Gelada. Se puede acceder desde el Camí dels Torrers o desde el camino que sale, en dirección hacia Altea, desde la última estación de bombeo de aguas depuradas en la calle Nápoles, en realidad una de las dos carreteras que conduce a la EDAR.

Captura de Google Maps que muestra la casa de campo  y el aljibe antes de ser destruido.

Año 2004: aljibe visto por su cara norte. Detrás la casita de campo, en realidad un refugio, que hoy también está casi destruida.

Año 2004: aljibe visto por su cara sur.

Podemos comprobar por las imágenes anteriores que su estructura es la de una balsa rectangular cubierta con una bóveda de cañón (medio cilindro) un tanto irregular. Sus dimensiones interiores eran 6,35 metros de largo y 2,80 metros de ancho. Sus dimensiones exteriores hay que incrementarlas con el grosor de los muros que sólo he podido medir en un punto, resultando 0,56 metros. 

Esta estructura tenía pocas aberturas para que el agua se mantuviese sin luz y por tanto en mejores condiciones. El lado menor que daba al sur era totalmente macizo. En cambio el lado que daba al norte tenía una ventana, cuyo tamaño no pude medir. Servía para extraer agua manualmente y permitía entrar para los trabajos de mantenimiento y limpieza. La existencia de un marco de madera permite suponer que se cerraría con una puerta de una hoja. 

En el lado mayor que daba al Este, muy próximo al lado que tenía la ventana, había una pequeña abertura cuadrada de casi 30 centímetros de lado. Servía para que entrase el agua. 


Año 2013: canal de 30 cm de ancho que llevaba el agua desde la balsa de decantación hasta el aljibe, hoy día ya destruido.


Las marcas del agua en el interior del aljibe indicaban cual era el nivel máximo, que no pude medir. Tras su destrucción medí una parte, sin llegar al fondo que estaba lleno de cascotes. Obtuve una altura de agua de 81 centímetros, pero seguro que era algo mayor. Por tanto el volumen de agua recogida estaría entre los 15  y los 18 m3, insuficiente para un riego normal.
Interior del aljibe en 2004. Al estar en desuso, el fondo estaba lleno de piedras, botellas, latas y otros objetos tirados por visitantes desaprensivos.


El material constructivo era el tradicional de la zona, que en documentos del siglo XVII se denominaba "cal y canto": piedras sin trabajar cogidas con un mortero de cal y arena. Era un material barato y muy duro, pero fácilmente degradable por la erosión atmosférica así que tenía externamente un enlucido de cal y arena. Para el recubrimiento interior del vaso del aljibe se utilizó mortero hidráulico. También se observan en algunos puntos reparaciones hechas con cemento que indiscutiblemente pertenecen al siglo XX.

El aljibe captaba el agua de un pequeño barranco que desembocaba junto a él. Actualmente ese barranco está parcialmente cubierto con cemento, para que el agua llegase más limpia, aunque eso se trata de un arreglo del siglo XX. Un poco más arriba los bancales están hechos de forma que el agua circulante se dirija hacia dicho cauce. 

El agua de lluvia que corría por el barranco llegaba, justo antes de entrar al aljibe, a una balsa de decantación de forma rectangular y recubierta de mortero hidráulico. 


Año 2004: final del barranco, balsa de decantación e inicio del canal que llevaba el agua hasta el aljibe.


Me resulta imposible decir cual pudo ser la fecha de construcción de este aljibe. Sus materiales constructivos y su forma son los tradicionales, es decir que se emplearon durante muchos siglos. Así que, al no tener referencias escritas, sólo puedo suponer que sería, como muy antiguo, de mediados del siglo XVIII aunque también podría ser de mediados del XIX. El el "Diccionari de Benidorm" indicaba que daba servicio a los carabineros así que mediados del XIX es la fecha más probable.

En la segunda mitad del siglo XX se abandonó ese cuartel y se produjo el paso de la economía agrícola a la turística. Eso supuso que se fuesen abandonando las tierras de cultivo. Las primeras en sufrir este abandono fueran las de secano ya que exigían un esfuerzo brutal y daban unos beneficios muy escasos. Por eso vemos que las laderas de la Serra Gelada, antaño cubiertas de algarrobos, almendros y otros cultivos propios del secano, han ido perdiendo esas especies y en su lugar ha crecido la vegetación natural de arbustos y pinos.
Esta cubierta vegetal es muy importante para mantener el equilibrio de los suelos y son el hábitat de numerosas especies botánicas y de fauna. Serra Gelada ha dejado de ser un lugar de duro trabajo y se ha convertido en una zona verde de alto valor ecológico que ciudadanos de Benidorm y visitantes utilizamos como zona de paseo y de deportes varios. Eso es muy positivo.

Lo que resulta incomprensible es la destrucción de este aljibe y del abandono de otras estructuras de la zona, como el cuartel de carabineros, en grave peligro de destrucción. Es la evidencia, una más, del poco respeto que tenemos por un patrimonio que es testimonio de otros tiempos y otras actividades económicas que no deberíamos olvidar. 

Cicerón escribió que la Historia era "testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de los recuerdos, maestra de la vida" ("Historia vero testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis, qua voce alia nisi oratoris immortalitati commendatur?")

Espero que esta mirada retrospectiva a un aspecto olvidado de nuestra historia nos enseñe a apreciar y respetar nuestro patrimonio histórico y natural y por tanto a ser mejores ciudadanos. Así la Historia habrá sido de verdad magistra vitae.
Estado actual del aljibe tras la destrucción de su bóveda y paredes. El vaso del aljibe está casi completo, pero totalmente colmatado con los cascotes. La vegetación está cubriéndolo como si la naturaleza quisiera recuperar un espacio que antaño fue suyo...