jueves, 7 de julio de 2016

Una antigua fotografía de la playa de Poniente de Benidorm antes del boom turístico y la historia de un puente sobre el barranco de la Foia del Bol, próximo al hotel Marconi.



Las imágenes fotográficas pueden ser una fuente de información sobre nuestra historia ya que nos recuerdan una realidad pasada y a menudo olvidada o distorsionada por el tiempo. La objetividad de la cámara que en su día captó la instantánea nos remite a unos hechos concretos. 
Ese es el caso de la fotografía que encabeza este artículo. Es una postal turística de la década de 1950 y muestra el aspecto que ofrecía la parte de Poniente de Benidorm, muy diferente al actual ya que apenas había sufrido el impacto del turismo. El hotel Marconi y el puente de tres arcos que está a su derecha centrarán el comentario histórico de esta antigua fotografía, que a pesar del tiempo transcurrido conserva todo su encanto

Francisco Amillo


Postal turística de Benidorm a principios de la década de 1950. 

Cuando el fotógrafo realizó esta instantánea probablemente sólo tenía una intencionalidad estética y quería capturar en una tarjeta postal la belleza del paisaje que tenía ante el visor de su cámara. Pero pasados los años se ha convertido también en una interesante fuente de información histórica. Si la analizamos desde ese punto de vista observaremos multitud de detalles en los que vale la pena detenerse. 

Dejaré de lado el elemento estético, el de la belleza natural de un pequeño pueblo de agricultores y pescadores que desde finales del siglo XIX había cautivado a numerosos visitantes españoles y extranjeros. Un paisaje montañoso que describió tan admirablemente Gabriel Miró en "Años y leguas" que me resulta imposible superar y que no necesita ningún comentario:  
"Lejos, en el fondo, se estampan las grandes montañas, y desde allí hasta el pueblo nada contiene ya el vuelo combo del espacio. Allí se han parado las sierras, porque era su lugar escogido para la perfección de este pueblo; la distancia precisa para que ellas también fuesen un espectáculo de belleza. Montes con las espaldas distendidas y nerviosas, montes delgados, perpendiculares, en asunciones tranquilas, siempre hilando el vellón de la claridad virgen. «Puigcampana» es la sierra cincelada para Benidorm, y todavía quedó enmendada la obra rebanándole el filo en una hendedura de bordes siempre tiernos. Se le quitó lo necesario para que se viese un momento más del día. Allí subió la anécdota caballeresca. Dicen que Roldan, enfurecido, rajó con su espada la lámina del monte."

Pero en esa postal también están el mar y la playa y podemos ver en ella, varadas en la arena, un grupo de barcas de pesca. Muestran que una de las actividades económicas más tradicionales de Benidorm, la pesca, aún tenía fuerza en 1950. Una actividad que poco a poco fue dejando paso a la turística, de la que el hotel Marconi fue un hito importante.
También podría comentar el enorme crecimiento de la playa como consecuencia de la acumulación de arenas al construirse el puerto. Es un fenómeno muy interesante e importante ya que cambió radicalmente la fisonomía de la zona pero ese tema ya lo traté en otra entrada de este blog (puedes verla pulsando AQUÍ) y no hace falta repetirlo.

Me centraré en el escaso desarrollo turístico de esta parte de Poniente, fácil de detectar en esa fotografía porque apenas vemos edificios. El Parque de Elche ya existía aunque sólo con unos pocos árboles. Por encima de él se ve el barrio de pescadores denominado en Benidorm del Campo, porque había que atravesarlo para llegar al camposanto. En primera línea de playa de ese barrio vemos la calle San Pedro que desciende en dirección a Poniente hasta el chalet San Pedro (que sigue existiendo hoy día), le sigue un espacio verde, en realidad una huerta con árboles, y más adelante otro edificio más alto, el hotel Marconi, que nos pone en contacto con los inicios del turismo de Benidorm. Una actividad, la turística, que se extendió primero por la playa de Levante y que hacia 1950 apenas había tocado la de Poniente. Por esa causa el hotel Marconi, construido en 1934, se consideraba un tanto apartado del pueblo. 
Era el tercer hotel que se construía en Benidorm siguiendo la estela marcada por el Bilbaíno, que se había construido en 1926 en el otro extremo de la villa, en la playa de Levante [1] al igual que el hotel Levante, que según Juan-José Chiner lo fue en 1931 [2]. 

Una cosa que tenían en común el Bilbaíno y el Marconi era que sus nombres aludían a la navegación trasatlántica, y no por casualidad.  Pedro Cortés Barceló, fundador del Bilbaíno, había navegado en buques de la compañía "Navieras Bilbaínas" [3]. El propietario del Marconi, Miguel Barceló Martínez, había sido radiotelegrafista de la "Compañía Transatlántica"  y recordaba con ese nombre los "marconi" o aparatos de radiotelégrafía instalados en la mayoría de los grandes buques de las primeras décadas del siglo XX [4].
Ambos hoteles tenían también en común que sus propietarios los fundaron con el capital ahorrado en su trabajo como navegantes. Eso indicaba un cambio importante: hasta entonces los capitales obtenidos en la actividad marítima se habían invertido en tierras de cultivo, sobre todo de regadío, consideradas la inversión más rentable y segura. Sin embargo el turismo, que en Benidorm contaba ya con una larga tradición que se remontaba a la segunda mitad del siglo XIX, se empezó a ver en esos años de la década de 1930 como una fuente de ingresos que superaba en rentabilidad a la agricultura. 

Durante la II República esta actividad turística experimentó un fuerte impulso y fruto de ello fueron la apertura de los hoteles citados, la construcción de la carretera de Benidorm al Rincón de Loix y una serie de ordenanzas sobre limpieza viaria, recogida de basuras, bares y venta de bebidas alcohólicas, etc., que tenían como finalidad proporcionar un aspecto más agradable al pueblo para que resultara atractivo a los veraneantes. También se creó una Junta Local de Turismo a principios de 1936, presidida por el alcalde José Miñana. Pero el estallido de la Guerra Civil de 1936-1939 paralizó todas estas iniciativas y el proceso se retomaría a partir de 1945 cuando el fin de la Segunda Guerra Mundial y la recuperación económica española posibilitaron la vuelta de turistas extranjeros y nacionales.


El hotel Marconi construido en 1934 tenía dos plantas, tal como se aprecia en esta fotografía. Tenía muy pocas habitaciones porque se desconocía el fenómeno actual del turismo de masas.

Hotel Marconi: en 1949 se remodeló y añadió una tercera planta. Ese era el aspecto que ofrecía cuando se hizo la fotografía que encabeza este artículo y que puede apreciarse con más detalle en esta otra. Se observa también que el acceso a la playa era más difícil que en la de Levante y eso es también otra causa que explica su desarrollo turístico más tardío. 


Si volvemos a la fotografía que encabeza este artículo y que estamos analizando observaremos que a la derecha del hotel Marconi se aprecia un espacio con vegetación y un puente con tres arcos de medio punto sobre lo que entonces era la carretera Alicante-Valencia. No sabemos cuando se construyó dicho puente pero debió ser a partir de 1868, tras la construcción de la carretera nacional Alicante Valencia que sustituía al antiguo Camino Real. El por qué se construyó sí que nos resulta fácil de adivinar: la zona de Poniente de Benidorm tenía un  relieve muy accidentado, con numerosas colinas y profundos barrancos que la carretera debía salvar. 


Detalle del "Plano de la ensenada de Benidorme levantado en 1876 por la Comisión hidrográfica al mando del Teniente de Navío de 1ª clase D. Rafael Pardo de Figueroa". Marca la carretera de Alicante a Valencia que atraviesa varios barrancos con puentes. 

En el plano anterior vemos siete barrancos desembocando en la playa de Poniente. Se indican los nombres de cuatro: Murtal, Vela Blanca, Racharell (Rachadell) y Sicho  (Xixo) y se omiten tres. Al autor de este plano no le pareció relevante indicar el nombre de todos con lo que nos crea confusión al respecto. También ignora la existencia del barranco de l'Aigüera en la playa de Levante. 
Hasta ahora el libro mejor documentado sobre la toponimia Benidorm es el de Pasqual Almiñana y este autor incluye 5 barrancos en la playa de Poniente: Murtal, Vela Blanca, Rajadell, Xixo y Foia del Bol [5]. Hay por tanto en ese plano dos barrancos que no sabemos donde están; hasta es posible que se trate de una invención o exageración de su  autor. 
Los nombres del Murtal, Rajadell, Xixo y Foia del Bol corresponden a unas partidas por las que discurrían estos cauces fluviales. El de la Vela Blanca procedería, según Carlos Llorca Baus, del nombre dado por los marineros a una piedra de forma triangular y color blanquecino que les servía como referencia en la navegación y la pesca [6]. 

Volviendo al plano de 1876 observamos que Rafael Pardo dibujó los cauces de los barrancos desproporcionadamente anchos, como si llevasen un gran caudal de agua. ¿Es otro error del autor? Seguro que sí en lo que se refiere a la anchura del cauce pero no estoy tan seguro en cuanto al caudal que podían llevar en episodios de fuertes lluvias. La imagen siguiente nos muestra el barranco de la Foia del Bol drenando un importante caudal hacia 1930. Ya se sabe que en Benidorm las lluvias torrenciales descargan importantes cantidades de agua en escaso tiempo y provocan grandes avenidas en los barrancos. Es una característica del clima mediterráneo. 


Puente sobre el barranco de la Foia del Bol, hacia principios de la década de 1930. Aunque en esos años hubo problemas graves de sequía, en 1931 y 1934 se registraron lluvias torrenciales que causaron daños en los caminos y cosechas. 

Recapitulando la cuestión de los barrancos de Poniente tenemos que Rafael Pardo dibujó siete pero la toponimia ha conservado cinco. Por ello lo primero que debemos hacer es establecer los elementos seguros.
Los barrancos del Murtal y Xixo son fáciles de identificar en un plano actual porque en su cauce se construyeron calles que conservan su nombre. El de Rachadell es visible en las fotografías aéreas y desemboca al oeste del hotel Poseidón Playa junto al cual, en el lado este, hay una calle que conserva su nombre. El barranco de la Vela Blanca, parcialmente visible en fotografías aéreas actuales, desembocaba muy cerca de donde hoy confluyen las avenidas de Villajoyosa y Vicente Llorca Alós. 
Así que queda por identificar el que estaba al este del Murtal. La fotografía aérea de Google Earth muestra un corto cauce cuyo nombre, si alguna vez lo tuvo, se ha perdido; tal vez Rafael Pardo se refería a este accidente topográfico, difícilmente catalogable como barranco. 

Nos quedan los dos barrancos más próximos a Benidorm. Para estos últimos tenemos dos posibles nombres: Foietes y Foia del Bol. Ya he dicho que se trata de dos antiguas partidas de Benidorm y ambas están drenadas por el mismo barranco por lo que parece muy claro que ambas denominaciones corresponden a un mismo cauce y las dos parecen correctas. Pasqual Almiñana utiliza la segunda denominación aunque hoy día se ha hecho más popular la primera, Foietes, posiblemente porque el nombre de esa partida es más corto y se ha conservado en el uso actual, cosa que no ocurre con la otra; es sabido que el lenguaje coloquial tiende a simplificar. 
Así que los partidarios de conservar la tradición marinera pueden decir Foia del Bol y los demás pueden seguir con Foietes. El nombre Foia del Bol nos recuerda que allí se practicaba un arte de pesca denominado "bol" y sería una lástima que se perdiese.

Pero seguimos sin saber cuál era el nombre del otro barranco, el situado al oeste del cementerio. Como ya he indicado la zona está tan densamente urbanizada que se ha perdido el rastro de ese barranco. Ni siquiera podemos garantizar su existencia ya que en una fotografía aérea hecha en 1938 por la aviación italiana se ven claramente el barranco de Foietes-Foia del Bol y el cementerio, pero no se aprecia ni rastro de ese otro barranco por lo que es posible que sea una invención del autor del plano de 1876.

La intensa transformación que ha sufrido el paisaje de esa zona Foietes-Foia del Bol ha causado otro efecto: la desaparición del puente de tres arcos sobre la carretera nacional. Y sin embargo ese puente tiene su pequeña historia que vale la pena dar a conocer.

Se cuenta en Benidorm que en los días finales de la Guerra Civil, la aviación del bando nacional quiso destruirlo y lanzó algunas bombas contra él. Debió ser el 28 o el 29 de marzo de 1939.  Los aviones italianos, con sede en las Baleares, quisieron impedir que las tropas republicanas llegaran a Alicante y abandonasen España por su puerto. Las bombas no destruyeron el puente pero sí unas casas cercanas, muriendo varias personas. De todas formas los italianos cubrieron su objetivo militar porque cortaron la carretera Alicante-Valencia dificultando la huida de los últimos restos del ejército republicano.  

Max Aub describe así este hecho: "Vuelven a la carretera general. Sigue el rosario de coches. Oliva, Benisa, Calpe; en el mar, algo más claro, se levanta enorme el pétreo peñón de Ifach; Altea, Benidorm. Cientos de automóviles obstruyen la carretera; la aviación acababa de bombardear el pueblo; cuatro mujeres muertas, otros tantos niños todavía tendidos allí. Los automóviles están detenidos, algunos abandonados.
[...]  En Benidorm, en la noche negra, González Moreno encuentra a algunos compañeros de la UGT, sin saber qué hacer, sin poder seguir adelante, por la carretera atascada, pensando que los aviones iban, posiblemente, a bombardear de nuevo.
Media docena de hombres salen de una taberna, borrachos como cubas, disparando al aire. Deslizándose entre la gente y los coches, González Moreno y sus compañeros andan unos kilómetros hasta Villajoyosa, sorteando obstáculos.
— En Alicante hay barcos.
— En Alicante habrá barcos.
— Los italianos están en Gandía."  [7].

Más de 10.000 republicanos quedaron atrapados en el puerto de Alicante esperando inútilmente un barco que les llevara lejos de España. El Stanbrook había partido con 2.600 pasajeros y después el Marítima con sólo 40. Ya no salieron más barcos. Los buques de guerra nacionales Canarias, Júpiter y Vulcano bloqueaban la bocana del puerto. El día 30, sobre las 14,30 horas, las tropas italianas entraron en Alicante sin encontrar resistencia. En el puerto los republicanos se atrincheraron sin ninguna esperanza. Al día siguiente, 31 de marzo, se rindieron. Algunos, durante la larga noche, habían preferido el suicidio a la prisión [8]. El 1 de abril Franco declaraba finalizada la guerra. 

Desde Alicante las tropas italianas de la división "Flechas Negras" mandadas por el general Valentín Babin pasaron a Benidorm. En realidad sólo los mandos eran de esa nacionalidad ya que los soldados habían sido repatriados y sustituidos por españoles. Permanecerían dos años en el pueblo y Babin tendría tiempo de publicar un libro titulado "Hechos de guerra  División Flechas Negras". Está  firmado en Benidorm el 1 de mayo de 1939.

Última página del libro sobre Flechas Negras indicando que fue firmado en Benidorm el 1 de mayo de 1939.

Los miembros de la división Flechas Negras entraron en el pueblo el día 31 de marzo pero se encontraron con que el día anterior los falangistas habían constituido un nuevo ayuntamiento presidido por Ángel Ruiz de Apodaca así que fue una entrada tranquila. Para Benidorm la Guerra Civil había acabado ese día 30. 

Vemos que el puente de la Foia del Bol nos ha remitido a un pasado trágico de nuestro país. Un puente con historia y que, sin embargo, hoy día no podemos ver. Aparentemente ha desaparecido. Y digo aparentemente porque gracias a la documentación del archivo municipal sabemos qué pasó con él.

Todo empezó con la construcción de la primera circunvalación de Benidorm que hoy día es la avenida Rei Jaume I, finalizada en 1959. En la fotografía siguiente podemos ver la circunvalación terminada y la zona casi sin urbanizar. El barranco de Foietes-Foia del Bol llegaba hasta la nueva carretera y se apartaba de ella hacia el este desembocando en un huerto arbolado que hoy día está ocupado por el edificio Marina San Pedro. 


La fotografía nos muestra en la parte inferior derecha la nueva carretera de circunvalación de Benidorm  construida en 1958-59 y el cauce del barranco que desemboca en un solar junto al chalet San Pedro. Todavía había campos de cultivo que se iban ocupando por las edificaciones turísticas hasta que finalmente la zona se urbanizó totalmente y esta carretera se convirtió en una calle más de la nueva ciudad siendo preciso hacer la actual circunvalación. 


Fue por esos años cuando, según un informe del Área de Ingeniería del Ayuntamiento de Benidorm, se decidió desviar ese tramo final del cauce del barranco "canalizándolo y desplazándolo hacia poniente, vertiendo las aguas en la playa frente el actual hotel Villa del Mar" [8]. No obstante, el antiguo puente se mantuvo "aunque su funcionalidad quedó muy reducida porque el aporte mayoritario del barranco se había desviado, quedando únicamente para la evacuación del resto del cauce que quedaba por debajo de la nueva carretera" se indica en ese mismo informe.


Composición realizada por el Área de Ingeniería del Ayuntamiento de Benidorm que muestra  con línea amarilla el cauce natural del barranco de la Foia del Bol ocupado por el edificio Marina San Pedro y en rojo el desvío actual del Barranco por debajo de la avenida Rei Jaume I con su salida al mar más hacia el oeste.


A finales de 1978 se inició la construcción del edificio  Marina-San Pedro [10] ocupando el cauce del barranco. Los constructores pensaron utilizar el puente como salida exclusiva a la playa de los vecinos del edificio a través de sus sótanos y un túnel. Un túnel que no se autorizó pero que sí se construyó sin prever ningún sistema de drenaje. 


Plano de la planta del edificio Marina San Pedro en el que se aprecia el espacio habilitado en el antiguo barranco mediante un túnel que conducía hasta la playa saliendo por debajo del puente de tres arcos. Hubiese supuesto el uso privado de un bien público.


En años posteriores con los trabajos de urbanización de la antigua carretera nacional  que es la actual calle Alcalde José Such, así como con el acondicionamiento del muro de la playa, se taponaron los ojos del antiguo puente. Se hizo con escollera lo que impedía el paso de las personas pero facilitaba el drenaje no del barranco cuyo caudal era prácticamente nulo a causa del desvío y de la total urbanización de la zona. Se drenaban las aguas pluviales del propio edificio y de la calle Maravall y adyacentes. 


Fotocomposición del Área de Ingeniería del Ayuntamiento mostrando el cegado de los ojos del puente con escollera para impedir el paso de personas pero permitiendo el drenaje del antiguo barranco si fuese necesario.

Finalmente cuando en 2011 se realizó la “Prolongación del Paseo Poniente - Parque de Elche” se instaló un colector de 500 mm. de diámetro que conectaba la red de pluviales de la calle Maravall y de Alcalde José Such con la canalización del barranco de Foietes, dejando de verter en el antiguo puente que a partir de ese momento dejaba de tener utilidad y se cerró tal como muestra la siguiente imagen.


A la izquierda el antiguo puente con sólo dos de sus arcos visibles. A la derecha con los trabajos de cerramiento bastante avanzados. Se dejaron tres ventanas para ventilación y sistemas de drenaje con mechinales en la parte inferior. Fuente: Ayuntamiento de Benidorm.

Parte final del informe municipal sobre el cerramiento del barranco de Foietes o Foia del Bol indicando la posible afección de la circulación subálvea sobre el edificio Marina San Pedro, construido encima del antiguo cauce.



A causa del muro que lo oculta hoy día no podemos ver el antiguo puente del siglo XIX pero sí sabemos dónde está. También podemos contar su pequeña historia, que nos remite a un Benidorm que entre 1850 y 1950 había cambiado mucho pero que a partir de ese año lo hizo infinitamente más… 

Atrapado entre las edificaciones de la moderna ciudad turística, oculto y preservado, el puente de tres arcos junto al hotel Marconi seguirá existiendo durante muchísimos años más. Su existencia será ignorada por la inmensa  mayoría de los residentes y visitantes de Benidorm que pasan a diario por encima de él. Pero no por los lectores de este blog, que tienen la oportunidad de conocer que la trepidante ciudad turística tiene también un pasado fascinante que no se debería olvidar. 



NOTAS

[1] Juan-José Chiner Vives: "Los hoteles del paraíso", Ayuntamiento de Benidorm,  2005, pag 25. Para el Bilbaíno el blog del hotel da como fecha de construcción el 1926. En el diario Información se dice que la inauguración fue en 1929: http://www.diarioinformacion.com/benidorm/2011/09/22/tiempos-heroicos/1170500.html
[2] Juan-José CHINER VIVES en "Los hoteles del paraíso" indica que el hotel Avenida se creó ese año y no ofrece más detalles por lo que no es un dato muy seguro. En las actas municipales de esos años se cita en cambio el hotel Miramar.
[3] http://www.hotelbilbaino.com/acerca-de/pagina-3/
[4] http://www.benidorm-spotlight.es/marconi/history_e.html
[5]  Almiñana Orozco, Pasqual: "Els topònims de Benidorm (1321-1955)", pág. 346.
[6] Llorca Baus, Carlos: "Historia marinera de Benidorm" pag. 453
[7] Aub, Max: "El laberinto mágico (6) Campo de almendros", pág. 121
[8] Martínez Mira, Luis: "Alicante 1936-1939 Tiempos de guerra", pag 158-161.
[9] Archivo Municipal de Benidorm: "Informe Técnico sobre escritos presentados por Tomás Cortés Lloret y José Inés Mediavilla referente al supuesto taponamiento de la salida del Barranco Foietes frente al edifico Marina-San Pedro". 21 de agosto de 2012
[10] AMB: Expediente 509/78.

jueves, 2 de junio de 2016

La plaza del Castillo y el arco de la plaza Castelar de Benidorm, dos testigos de la historia de esta población.



Hace algún tiempo publiqué en este blog una entrada sobre la historia del castillo de Benidorm hasta su destrucción a principios del siglo XIX. Desaparecido el castillo, sólo el nombre, Plaza del Castillo, nos remite a sus orígenes bélicos. Después, a lo largo del siglo XIX y sobre todo del XX, se convirtió en un enclave de gran valor turístico por la magnífica visión que ofrecía de las dos playas y del entorno de su paisaje montañoso en una época en la que, excluyendo el casco urbano, apenas había edificaciones que alterasen su aspecto natural. También fue atractivo para los residentes, organizándose verbenas y actividades culturales, sobre todo en los meses estivales. Este fue el Benidorm de horizontes de azul cielo, de azul mar y de playas doradas que describió Gabriel Miró.

Benidorm se transformó de una manera intensa a partir de 1950 y esas transformaciones también afectaron a la plaza del Castillo. Pero la belleza luminosa y azul de la propia plaza y de su entorno continua siendo atractiva y recibe la visita diaria de miles de turistas. Y, como antaño, también sigue siendo un centro de atracción para los residentes de Benidorm que continúan celebrando allí actos lúdicos y culturales. 


Francisco Amillo 







Plaza de Castelar e iglesia de Sant Jaume de Benidorm en la primera mitad del siglo XX. El arco comunica la plaza de Castelar con la de Sant Jaume.


La fotografía que encabeza este artículo reproduce parte de la Iglesia de Sant Jaume de Benidorm y de la Plaza Castelar antes de la remodelación actual [1]. El pavimento de la plaza es de tierra y los edificios muestran el aspecto típico de la población a principios del siglo XX. En la iglesia destaca la capilla de la Virgen del Sufragio con un aspecto diferente al actual: la cúpula es un poco más baja y tiene tejas normales en vez de las azules que hoy día la caracterizan. En la fachada de la casa adosada a la iglesia se observan cables eléctricos. La electrificación de Benidorm se produjo a partir de 1910 pero el arco que comunica las plazas de Sant Jaume y Castelar es algo posterior, de 1914. El arco se construyó en 1914 derribando parte de una casa, así que es un acceso a la plaza del castillo relativamente reciente. Tal vez la entrada anterior estaba en en la plaza de Santa Ana. El Castillo ha sufrido tantos cambios con el paso de los siglos que resulta complicado de saber cómo era en un momento dado.

Hay en el casco antiguo de Benidorm otros arcos que son muy posteriores ya que datan de la década de 1950 cuando la ciudad estaba adaptándose a la actividad turística y estos elementos arcaizantes pretendían dar mayor encanto a su casco urbano. No se trata por tanto de vestigios del pasado sino de una recreación urbanística. Como ejemplo tenemos uno de esos arcos contemporáneos en el "Carreró dels Gats y otro, desaparecido, en la "Costera del Barco". En su diseño tuvo que ver el famoso almirante y escritor Julio Guillén Tato, partidario de mantener el sabor de pueblo antiguo en el casco histórico, algo que no consiguió. Respecto a la Costera del Barco se dice en Benidorm que fue Guillén Tato el que donó el barco que dio nombre a esa calle. Este nombre data de 1957 porque anteriormente se denominaba calle del Horno de Ruzafa o simplemente Ruzafa y desde 1905 calle de la Paz. En 1956 se colocó una placa que, como la miniatura del barco, era un homenaje a los marineros de Benidorm [2].


La calle dels Gats remodelada en 1956. Su arco data de la década de 1960 y tiene carácter decorativo.



Calle de la Costera del Barco con la miniatura de la embarcación que le dio nombre. Actualmente han desaparecido la placa conmemorativa y el barco.


Calle de la Costera del Barco antes de su transformación. La mujer con el cántaro nos muestra otro aspecto de la vida en el antiguo casco urbano: problemas para abastecerse de agua.


Volvamos al arco de la plaza Castelar. Saliendo por él desde el antiguo recinto militar se accede al pueblo, cuyas casas y calles ocupaban el plano inclinado de Canfali hasta llegar a la parte llana, donde antiguamente había una muralla que rodeaba el pueblo de Benidorm. Había una puerta de acceso que en mi opinión podría estar al final de la calle Mayor que de esta forma comunicaba directamente la entrada de la villa con la entrada del castillo y con la iglesia. Por eso era la calle más importante de la población.
Sin embargo Pasqual Almiñana sitúa la entrada de la villa en la calle Alicante: "el carrer d'Alacant, efectivament, es troba dins del castell i l'any 1781 ha traspassat la muralla perquè ha començat a urbanitzar-se tot seguint el trajecte calle del camino que va a Alicante, segons la cita de 1808. Seria, per tant, la porta d'entrada al Castell". [3]

Como no tenemos pruebas documentales que avalen una u otra hipótesis, de momento las dos son dignas de tenerse en cuenta. Una excavación arqueológica en esta zona podría aportar luz a este tema dando datos concretos. Por tanto, mientras llega ese día, hemos de conformarnos con hipótesis. Lo que parece muy poco probable, de acuerdo con descripciones y dibujos de los siglos XVI y XVIII, es que la muralla de la villa tuviera dos entradas.


Esta antigua fotografía nos muestra la calle Mayor todavía sin asfaltar y con casas de no más de dos plantas por lo que era una calle ancha y luminosa, dos características que ha perdido en la actualidad. Se observa perfectamente el arco de las plazas de Sant Jaume y Castelar. Es una calle en pendiente porque el recinto militar estaba en la parte alta y plana de Canfali y las casas del pueblo se edificaron en el plano inclinado del lado norte. El que esta calle se denomine Mayor, es decir principal (nombre documentado desde 1803) y que condujera directamente a la entrada del recinto militar es lo que me hace suponer que estuviera aquí la puerta de acceso. 


Fotografía  de Patty Stratton, año 1957 titulada "El trapero". Muestra el final de la calle Mayor y el principio de la calle Alameda. Aunque no está claramente documentado, observando planos de Benidorm del siglo XVIII parece probable que las murallas de la villa se derribaron en la segunda mitad de dicho siglo. El "fósil lingüístico" de Plaza del Torreón, situada muy cerca de este punto, es un indicio de que la muralla del pueblo pasaba por esta zona.

Volviendo a la plaza del Castillo encontramos en ella el segundo elemento a analizar. En este caso es un "fósil lingüístico": su propio nombre. Éste nos recuerda que desde la Edad Media en el extremo sur de Canfali, junto al mar, había un castillo del cual sólo se conserva el nombre ya que fue destruido a principios del siglo XIX [4]. 
En dicha plaza del Castillo podemos ver un pozo, en realidad un aljibe. La memoria de los actuales benidormenses recuerda su uso por los carabineros y la iglesia. Pero la documentación del siglo XVI nos recuerda también que en esa zona estaba el aljibe de la fortaleza así que es probable que se trate del mismo. En 1525 se decía "Item, alimpiar el aljub o cisterna que está muy susio. [...] ltem, en el dicho lugar hay una fortaleza la cual está todo derribada, sino un apartamento que es torre de I'Homenatge, que está cubierta y de esta fortalesa los terrados d'ella estando como havia de estar venian las aguas e sus manganillas a I'aljub, lo que agora por estar todo derribado no puede venir ninguna agua." [5].  


En el siglo XIX la plaza del Castillo fue acondicionada porque resultaba muy atractiva para veraneantes y benidormenses como lugar de paseo. En 1928 siendo alcalde Vicente Llorca Alós se construyó la barandilla, obra del albañil local "el Ti Santonja", y se decoró el antiguo aljibe. En tiempos de Pedro Zaragoza se construyó la actual pérgola.

La parte superior de la plaza del Castillo, el espacio del antiguo castillo, fue rodeada por la balaustrada del "ti Santonja" quien también realizó las dos puertas de acceso (aquí sólo vemos una) y sus escaleras. El resto, plazas del Castillo y Castelar, se urbanizó más tarde.

El desnivel entre el espacio del antiguo castillo y la plaza se resolvió con el muro que vemos en la imagen y dos escaleras, una a cada extremo. El cañón sobre el que se sienta el niño pertenecía al antiguo castillo.


A continuación del castillo se extendía un espacio libre que en algunos documentos del siglo XVI se denomina "plaza de armas". El conjunto castillo y plaza estaba amurallado y esa muralla tenía una sola puerta de acceso al pueblo, que a su vez también tenía antiguamente otras murallas. 
Esa puerta es el arco de la plaza Castelar. En la documentación del siglo XVII se alude a ella y se nos habla de su llave, de un foso con un puente levadizo y cañones sobre las murallas.
En el siglo XVIII se construyó una nueva iglesia que es la actual de Sant Jaume. La anterior, de origen medieval, estaba en la plaza de la Señoría. La iglesia de Sant Jaume, posiblemente por falta de espacio dentro del pueblo de Benidorm, se construyó sobre una parte de la muralla del recinto militar pero conservando el arco de acceso y permitiendo el paso entre las dos plazas. 
Más tarde, en fecha indeterminada, se edificó una casa, muy probablemente la que aparece en la fotografía que encabeza este artículo. Dicha casa ocupó el resto de la muralla que cerraba el recinto militar del castillo y lo separaba del pueblo. También se respetó en esta ocasión el acceso al castillo aunque edificando encima del arco. Teniendo en cuenta que la unión de la plaza de la Señoría con la de Castelar se realizó en la época de Pedro Zaragoza, parece claro que este arco que estamos comentando fue durante muchos años el único punto por donde se podía acceder al castillo dado que por los otros lados era inexpugnable. Así lo indicaba un navegante francés en 1805, es decir muy pocos años antes de la guerra de la independencia:  "Le mont Benidorme est une grosse pointe avancée à la mer, qui est fort haute et escarpée du côté de la mer; elle semble de loin isolée, particulierement lorsqu'on range la côte d'un côté et d'autre, parce qu'elle est presqu'isle, n'y ayant qu'une langue de terre fort basse, qui la joint à la côte, sur le haut du mont; il y a une tour de garde et une autre au pied." [6]

El castillo y su recinto tuvieron un uso militar hasta el siglo XIX, siendo la "Guerra del Francés" su último período de utilidad bélica con una guarnición francesa instalada allí durante aproximadamente un año, de marzo de 1812 a marzo de 1813 [7]. Al finalizar el conflicto fue parcialmente destruido por los ingleses y así continuaba a mediados del siglo XIX ya que en el diccionario de Madoz, de 1846, se dice que estaba "medio arruinado". No parece que hubiera interés en restaurarlo porque los avances en la tecnología bélica de ese siglo fueron tan rápidos e importantes que lo habían dejado completamente obsoleto. Por otra parte la piratería musulmana desapareció de nuestro litoral a partir de 1830 porque los franceses habían conquistado Argel. Desde ese momento tampoco tenía sentido su antigua misión de torre vigía. 

Debió ser en esta época, a partir de 1830, cuando se construyeron nuevas casas dentro del antiguo recinto militar. También fue en este siglo XIX cuando, a causa del intenso contrabando que había en Benidorm, se instaló allí un cuartel de carabineros para combatirlo. No conozco la fecha exacta en que se instaron, probablemente el año 1829 o 1830. Su trabajo no debió ser fácil a tenor de lo que decía un diputado en las Cortes del año 1841: "siendo gefe político de Alicante, el capitán de carabineros D. José Piñeiro, hoy intendente de Tarragona, fue á perseguir el contrabando al pueblo de Benidorm: el pueblo se amotinó y el Sr. Piñeiro quedó tendido en las calles, perdió un muslo, y hoy cojo está" [8].
Durante algunos años la sede de la 3ª Compañía de Carabineros estuvo en Benidorm hasta que fue trasladada a Alicante. Según indicaba el historiador Figueras Pacheco: "La comandancia está dividida en cuatro compañías, residiendo en Torrevieja el capitán de la primera; en Alicante el de la segunda; en Benidorm el de la tercera; y en Jávea el de la cuarta."  […] La 3ª compañía  está dividida en 4 secciones y estas en puestos.
1ª sección: Carrichol [Carrichal], Paraíso, Villajoyosa, Río Torres
2ª sección: Tozal [Tossal o del Pino], Benidorm, Caletas, Seguro
3ª sección Albir, Altea, Olla, Collado
4ª sección Calpe, Fosa, Cabo Blanco, Rada de Altea." [9] 

En la década de 1930 había un cuartel de carabineros en el Rincón de l'Oix, según se indicaba en un acta municipal de 1933: "el puesto denominado Rincón de Loix donde existe enclavado el caserío de varios pescadores, casilla de carabineros y el real de la almadraba" [10]

La presencia del cuartel de carabineros en lo alto de Canfali está registrada en un plano de 1876. Por su profesionalidad y espíritu de servicio a la sociedad se ganaron el respeto y la simpatía de población y autoridades de Benidorm. En 1935 el ayuntamiento pagó de su presupuesto un teléfono para este cuartel. Allí estuvieron hasta que, tras la disolución del Cuerpo por Francisco Franco en 1940, pasó a ser cuartel de la Guardia Civil. El delito del cuerpo de carabineros, castigado con su disolución, había sido el mantenerse fiel al gobierno de la II República que había sido elegido democráticamente y al que habían jurado fidelidad. 

  
Hacia 1829 o 1830 los carabineros se instalan en Benidorm dado el intenso contrabando que se practicaba en esta y otras localidades costeras de la Marina. La sede de la 3ª Compañía estuvo un tiempo en este cuartel al mando de un capitán. Desde 1940 estuvo ocupado por la Guardia Civil hasta su traslado al actual cuartel de la avenida de Beniardá. 



En la segunda mitad del siglo XIX la plaza del Castillo empezó a tener una utilidad lúdica, siendo lugar de paseo y reuniones. El recinto militar había pasado a ser propiedad de la villa en algún momento de mediados de ese siglo. En las actas de los plenos municipales se dice que el pueblo había hecho "sacrificios de consideración" para obtenerlo. No se especifica más pero parece probable que se trate de su compra al Estado, dado que al ser un recinto militar constituía una propiedad estatal.

Al convertirse en responsable de su mantenimiento la corporación municipal se vio obligada a hacer reparaciones en la plaza del Castillo por su deterioro. En 1864 el alcalde Joaquín Thous y Carrera, indicaba al pleno de la corporación "que el hermoso paseo público, titulado del Castillo y que constituye las delicias de la población, estaba próximo a convertirse en ruinas si no se aplicaba con la urgencia que el caso requería un pronto y eficaz remedio pues un lienzo del paredón, que mira a la playa de levante, minado sin duda por la humedad, á causa de las frecuentes lluvias, se había desmoronado, causando además algunos descalabros, y amenazaba venirse abajo en otros puntos si se demoraba un instante su reparación; y que, para evitar mayores gastos y el disgusto que ocasionaría al vecindario, verse privado de poder concurrir á un sitio tan ameno, cuando por el mismo se habían hecho sacrificios de consideración para obtenerle, estaba en el caso de proponer á la corporación, se deliberara sobre un asunto de tan conocido interés y de tanta utilidad para la población […] después de discutirse largo rato sobre el particular, acordaron por unanimidad, aplicar á tan importante servicio, la partida [...] que figura con el nombre de imprevistos y que asciende á quinientos reales vellón" [11]

Tres años después, en 1867 el pleno municipal decidía hacer mejoras "vista la imperiosa necesidad de atender a la recomposición del paseo denominado del Castillo de esta villa". Se decidió reparar los muros "derruidos en parte por efecto del último aluvión" así como "la escalinata que conduce al mar". Es probable que esta escalinata se refiera a la que baja hasta el mirador o plazoleta del extremo sur de Canfali. También se estimó necesario "dejar en estado servible el Algibe [sic] que existe en medio de la plazoleta del Castillo". Por seguridad se decidió "poner un enrejado que impida la libre entrada de los muchachos en el paseo del Castillo" porque no había una barandilla que protegiera la zona. Y para embellecer el lugar la corporación presupuestó la construcción de un parterre "plantando árboles y flores por ser el puesto más concurrido de la población". Por la misma razón se aprobaba "la construcción y recomposición de los bancos que circundan el paseo público"[12].

El proceso culminó en 1928, en tiempos del alcalde Vicente Llorca Alós, cuando se mejoró el acondicionamiento para usos lúdicos y se creó la balaustrada que aún hoy es uno de los elementos característicos de la plaza. Así lo recogía el "Diario de Alicante" del 25-7-1929 en un artículo titulado "Pueblos que progresan": "La cumbre del castillo y cumbre del pueblo, verdadero mirador de insospechada espectacularidad, asombroso balcón del Mediterráneo, un día en estado deplorable, casi ruinoso, ha quedado convertido en un punto ideal gracias a la seguridad que ofrece artística verja y a la acogedora invitación de unos bien distribuidos bancos.
Por la parte sur del castillo, en sus profundidades, emerje [sic] de las aguas una diminuta península que semeja la cabeza de un náufrago gigante. La superficie de esa peña, creo que denominada “El Canfalí”, (digamos de paso que es de una belleza cautivadora que ni soñada) estaba completamente abandonada e inexplicablemente incomunicada. Eso también lo vio el señor Llorca Alós, y, hombre con alma de artista comprendiendo el mérito de aquella maravilla, dotó a ésta de comunicación con el pueblo mediante amplia sólida y artística escalinata que arrancando desde la plaza del castillo viene a posarse en las rocas que son como guardias fieles de la deliciosa y pintoresca península “El Canfalí”. Una gran mejora, práctica y bellamente hablando." [13]. El periodista parece atribuir todo el mérito del embellecimiento de la plaza del Castillo a Vicente Llorca Alós pero ya hemos visto que su actuación contaba con algunos elementos que venían de bastantes años antes. Pero sí resulta indudable que él dio un gran impulso a su adecuación y que creó una fisonomía para este entorno que aún perdura. Su balaustrada fue construida, según se dice en Benidorm, por el maestro de obras "Ti Santonja". No he encontrado en el archivo municipal ningún documento que avale esta información pero aún así debe tenerse en cuenta. Lo que está muy claro es que desde entonces constituye uno de sus rasgos más peculiares.
Antes de 1928 la plaza del castillo no tenía las actuales balaustradas y por tanto el tránsito por ella resultaba peligroso. Tampoco existía la actual comunicación entre esta plaza y la de la Señoría 


Plaza del Castillo. El aljibe estaría en el centro del antiguo castillo al que le seguía (y sigue en la actualidad) una plaza en un nivel más bajo por lo que tras su remodelación se accedía  mediante unas escaleras. En ésta fotografía vemos el edificio de una planta del cuartel de Carabineros, convertido posteriormente en biblioteca municipal y finalmente derribado. La casa de dos plantas que vemos a su derecha, la "casa de les Blanquites", anteriormente propiedad de Juan Thous, fue también derribada y en su lugar se construyó un enorme y discutido edificio que rompió la estética de este lugar, un emblema de Benidorm por su belleza natural y su historia.

Para finalizar conviene recordar que desde 1902 un tramo  de la plaza del Castillo, el que está junto a la iglesia y la casa del arco, fue bautizado como plaza de Castelar. El motivo, según se indicaba en el pleno municipal, era conmemorar la estancia en Benidorm de este importante personaje del siglo XIX: "recordar que allí escribió el Ylustre [sic] y Gran Tribuno de la Democracia Don Emilio Castelar algunas de las obras que le han hecho inmortal, durante los cinco años que veraneó en esta población". [14]

Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899) fue un notable político, historiador, periodista y escritor, famoso por la elegancia de su oratoria parlamentaria. Pasó su infancia en Elda y estudió el bachillerato en Alicante, trasladándose  a Madrid en 1848 para cursar los estudios de Derecho. Ya antes de finalizar su carrera se había iniciado en la política y el periodismo. A los 23 años se hizo famoso con una intervención en una reunión en el Teatro de Oriente del partido demócrata. Tal fue su éxito que le lanzó a la vida parlamentaria. Es el denominado "Discurso sobre la Democracia": "¿Queréis saber lo que es la democracia? […] Voy a defender las ideas democráticas si deseáis oírlas. Estas ideas no pertenecen ni a los partidos ni a los hombres; pertenecen a la humanidad. Basadas en la razón, son como la verdad, absolutas, y como las leyes de Dios, universales" (25-9-1854). 
En 1857 consiguió la Cátedra de Historia Crítica y Filosófica de España en la Universidad Central de Madrid. Elegido parlamentario, fue presidente de las Cortes de la I República y presidente de la misma  unos meses, entre 1873 y 1874. Como escritor fue autor de varias novelas como La Hermana de la Caridad (1862), Historia de un corazón (1874), Fra Filippo Lippi (1878), etc. También es importante su  Vida de lord Byron (1873). 
Su primera estancia en Benidorm la describió él mismo en el artículo titulado  “Benidorm, 1º de setiembre de 1859”, publicado en “Ensayos literarios…” [15] Había acudido porque era amigo de la infancia (¿del Instituto de Alicante?) del alcalde Francisco de Paula Orts y Llorca y entonces conoció a Juan Thous y Carrera, en cuya casa acabaría alojándose varias veces. Según indica Castelar en dicho artículo: "Juan Thous, hombre de una grande y rica fantasía, al cual debo un plácido retiro en este pueblo, pues me ha abierto las puertas de su casa y me ha ofrecido en ella una hospitalidad tan franca, tan dulce, tan fina, que difícilmente podría encarecer cual se merece".
En el artículo describe sus impresiones sobre Benidorm, subrayando sobre todo sus aspectos marineros. Sobre la Serra Gelada, vista desde el mar, realiza la siguiente  descripción: "A la luz de la luna, entre la indecisión de las sombras, sus peñascos desgajados, medio cubiertos por el agua, parecían columnas rotas, estatuas mutiladas, ruinas de templos, aras hechas mil pedazos, altares antiguos heridos y destrozados, dioses que el mar estaba devorando; en una palabra, el naufragio de un pueblo, de una civilización." Es un buen ejemplo de su prosa prolija, profusa, de hipérboles y con alusión a antiguas ruinas clásicas, muy al gusto del romanticismo. Un estilo que hoy día nos resulta lento y pesado pero que en su época era muy apreciado. Seguramente Gabriel Miró debió aludir a este texto cuando escribió en "Años y leguas": "Algunos imaginativos veían en Benidorm un pueblo con pórticos, aras y dioses de mármoles blancos. Sigüenza no veía en Benidorm más que Benidorm, sin mármoles, sin nada clásico. Benidorm sumergido entre azules perfectos mediterráneos."

Sin embargo cuando Castelar alude al dolor de los marineros reclutados por la Armada para ir a Cuba o Puerto Rico, entonces colonias españolas, muestra el dolor de sus familias y en este caso su descripción, liberada de los excesos retóricos del párrafo anterior, es muy acertada. Además narra algo que oyó mientras estaba en la plaza que más tarde llevaría su nombre: "Algunos días después, hallándome en el castillo al anochecer, oí unos grandes lamentos que venían de la playa. Eran voces de mujeres, que herían los aires; voces impregnadas de ese dolor infinito, que solo puede expresar el llanto de la mujer […] Sucedía que los jóvenes […] se iban a servir, como aquí se dice, al rey, tal vez a morir en el clima ardiente de América. Entre ellos se iban nuestros doce remeros. ¡Infelices! Dejaban su pueblo, su casa, sus playas tranquilas, su hermoso y celeste mar, su cielo purísimo, sus encantadores campos, su barca, sus redes, para ir forzados al clima ardiente de los trópicos a sacrificar su libertad […] Y todos aquellos jóvenes tenían seres queridos […] mi único consuelo era pensar que con mi palabra y con mi pluma había protestado siempre contra tamañas injusticias."

Invitado por Juan Thous, Castelar acudió cuatro años más a veranear en Benidorm. En teoría eran días para escribir pero en realidad eran sobre todo días de descanso, de paseos por tierra y por mar, de charlas con las gentes… y de buena gastronomía, porque fue un devorador casi insaciable de la alimentación, sencilla pero exquisita, de aquel pueblecito mediterráneo. 

Para completar la visión sobre Castelar creo que también resulta muy adecuado reproducir íntegramente un artículo que escribió Pedro Zaragoza Orts en 1991 y que se tituló “Don Emilio” [16]:  
Castelar a quien me refiero, pasó alguna temporada en Benidorm invitado por su gran amigo benidormero y Senador del Reino, D. Joan Thous. D. Joan, prestigioso político en estas tierras, donde era “el amo” de la finca Bassa de Thous y otras heredades, vivía en su casona familiar, sita en la actual Plaza de Castelar, detrás de la Iglesia de San Jaime, conocida por “Casa de Les Blanquites” donde hoy están construyendo unos apartamentos de lujo, que han levantado abundantes críticas por parte de las gentes del pueblo, al derruir el antiguo edificio. 
De su estancia aquí, se cuentan muchas anécdotas. Yo trataré de espigar algunas entre las que conozco. 
El primer día, y al levantarse de la cama, D. Emilio intentó salir de su habitación  pero se encontró con la puerta cerrada. Entonces abrió el balcón y, con agradable sorpresa, se encontró una rústica escalera de madera alfombrada y adornada con flores que le conducía hasta la placita donde el pueblo, con su Ayuntamiento a la cabeza, le vitoreó y el alcalde le entregó su “vara” en señal de respetuosa bienvenida. 


Retrato de Emilio Castelar Ripoll, por Joaquín Sorolla. 1901, Congreso de los Diputados de España (Fuente Wikipedia).

Por  lo que me han contado, a D. Emilio le gustaban mucho los higos y una buena mañana, acompañado de otro buen amigo suyo y republicano federalista de Pí y Margall, que fue D. José Roig, a quien debo esta información, visitaron la finca “La Cala”, propiedad de sus parientes Los Lanuzas, en donde en el bancal en que hoy está situado el Hotel Delfín, de mi buen amigo D. Felipe Pastor, había una higuera verdal de frutos dulces como la miel. Les acompañó en la caminata el sobrino de D. José Roig, que era un niño y que de mayor fue alcalde de Benidorm: D. Emilio Ruzafa. Castelar y acompañantes terminaron con los higos al alcance de la mano y D. José Roig le rogó al niño Emiliet que trepara a la higuera para coger la fruta madura de las ramas más altas y se la ofreciese a D. Emilio. Muchos fueron los higos que le fue “tirando” el niño al tribuno, hasta que ya cansado y dirigiéndose a su tío le soltó: “¡Tío Pep, tírali figues a D. Emilio!”. Esta frase se repite por aquí siempre que a alguien le cunde la comida o cualquier actividad. 

Aspecto que ofrecía la Cala en la época de Emilio Castelar: los cultivos llegaban casi hasta el mar y entre ellos la higuera de los Lanuza a la que alude el texto de Pedro Zaragoza.

En otra ocasión vino a visitarle su editor desde Madrid, para recogerle, con urgencia, unas pruebas de su último libro, que debía corregir D. Emilio, quien con tranquilidad le contestó que a pesar de las semanas pasadas en Benidorm, no había tenido tiempo más que para descansar y dormir. El editor regresó a la capital con las manos vacías. 
Según D. José Roig, Castelar era aficionado a la buena mesa y, entre sus platos preferidos, contaba “la coca farsida” a nuestro estilo, “els raorets” fritos muy frescos y los buenos arroces que, con tanto acierto, se condimentaban en nuestro pueblo y que le preparaba la cocinera de D. Joan Thous, que se llamaba Tona”.

Creo que con estos testimonios queda muy claro por qué Castelar vino a pasar cinco veranos en Benidorm y por qué, tres años después de su muerte, el ayuntamiento puso su nombre a una plaza, precisamente a un sector de la plaza del Castillo. 

Espero que cuando los lectores de este blog visiten la plaza del Castillo tengan una mejor visión de cómo su fisonomía actual es fruto de los cambios que generación tras generación han ido introduciendo los habitantes de Benidorm y que sepan entender el mensaje que nos brindan los “fósiles culturales” y otros elementos que en ella se pueden encontrar. 
La plaza del Castillo cuando aún se conservaba la casa de Juan Thous o de “les Blanquites” y el cuartel de carabineros había sido sustituido por un edificio destinado a biblioteca Municipal "Gregorio Marañón". Tampoco se había reformado la cúpula de la capilla de la Virgen del Sufragio.


Aspecto actual de la plaza del Castillo. La pérgola central fue construida en tiempos del alcalde pedro Zaragoza con un estilo similar al de la remodelación de 1928. Los cañones pretenden evocar el origen militar de este bello rincón de Benidorm. Al derribarse la biblioteca municipal la plaza ganó más espacio. Las actuales normas de accesibilidad obligaron a construir la rampa de acceso que no existía en la reforma de 1928.

El promontorio de Canfali visto desde el mar. En primer plano, a la izquierda, el mirador con su escalera, construidos ambos antes de 1867 ya que se citan en un acta de dicho año; fueron remodelados en 1928. Su construcción sólo tuvo sentido a partir del momento en que Canfali dejó de tener función defensiva. A la derecha el discutible edificio cuya construcción no se debería haber efectuado porque rompe la estética de esta emblemática zona del Benidorm turístico. 



Como el cerro de Canfali estaba inclinado hacia Poniente ya desde la Edad media hubo que rellenar ese sector y reforzarlo con un muro para crear un espacio plano en el que construir el castillo.



NOTAS

[1] publicada en el grupo de Facebook "Benidorm en fotos"
[2] Pascual Almiñana Orozco "Els topònims de Benidorm (1321-1955)". Ajuntament de Benidorm, 2001. Pág. 76
[3] Ib. pág. 51.
[4] Pedro María Orts Berdín: "Apuntes históricos de Benidorm", 1892. Pág.136-138.
[5] Memorial de las obras que tiene necesidat el lugar e fortaleza de Benidorm. ARV,
Bailia, Manaments i Empares, 1.228, primera mano de 1525, folio 56v.
[6] Michelot, Henry:  "Portulan de la mer Méditerranée  ou Guide des pilotes côtiers". MDCCCV, L'an II de l'Empire. Pág. 48.
[7] http://histobenidorm.blogspot.com.es/2013/02/benidorm1812-2012-apuntes-para-un.html
[8] Diario de las sesiones de Cortes, Congreso de Diputados, sesión del día 29 de junio de 1841, pág. 248)
[9] Francisco Figueras Pacheco: "Provincia de Alicante" tomo IV de la Geografía General del Reino de Valencia. 1914, pág. 308-310.
[10] AMB AP 3-9-1933
[11] AMB AP 28-2-1864
[12] AMB AP 10-11-1867
[13] Disponible en http://prensahistorica.mcu.es/es/publicaciones/numeros_por_mes.cmd?anyo=1929&idPublicacion=8070
[14] AMB AP 25-5-1902
[15] nas Castelar, Emilio: “Ensayos literarios, Miscelánea de historia, de religión, de arte y de política” Editorial A. de San Martín. Madrid, 1874. Pági189-219. Disponible en http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020027243/1020027243.PDF
[16] En la sección “La Cara del Moro” del diario ABC Alicante, 28-8-1991